Camino de Santiago (I): consideraciones generales
Feliz retorno a casa después de las vacaciones (para aquell@s que las tuviesen) -por comodidad no volveré a utilizar la arroba (@), pero en mi masculino plural no me olvido de vosotras-.
Estas vacaciones mías no han sido unas vacaciones típicas, no me he quedado en el pueblo leyendo, haciendo deporte y tomando cervezas; tampoco me he ido de viaje para acabar mareado de tanto paisaje, tanto monumento y tanta discusión con los amigos. Ha sido una mezcla extraña: he tomado cervezas, he hecho deporte, he visto monumentos y paisajes (sin acabar mareado), he hecho amigos con los cuales no he discutido (aunque siempre habrá tiempo para ello)... He hecho el Camino de Santiago.
Han sido unos 900 km desde Saint Jean de Pied de Port (Francia) hasta Finisterre y Muxía. Comencé el día 3 de agosto y terminé el 6 de septiembre, 32 días de andanzas más uno de descanso en Santiago para asistir a misa (e intentar ver el Botafumeiro, cosa que no pudo ser pues ese día nadie pagó para que lo botasen), dar el abrazo al Santo, ver la ciudad... Perrear, en definitiva.
Voy a dedicar, pues, varias entradas o artículos del blog a contar mi experiencia en el Camino, sin embargo no podré hacerlo de modo sistemático, siguiendo un orden, ya sea temporal o temático (paisajes, pueblos, personajes, arquitecturas, curiosidades...), pues no he tenido tiempo para tomar notas durante el viaje. Tampoco me he llevado una cámara fotográfica para poder acceder rápidamente a los recuerdos. Tendré que confiar en mi memoria, bastante precaria, por cierto, y en los comentarios y fotografías de mis compañeros de Camino, con los cuales habré de ponerme en contacto en días venideros. Además, hacerlo de modo sistemático exigiría demasiado tiempo de preparación y sé que muchos de vosotros estáis esperando conocer mis aventuras y reflexiones.
Así que voy a comenzar a escribir tomando apuntes de todo aquello que haya quedado grabado en mi memoria para luego poder contarlo. Probablemente lo que cuente no sea del todo cierto: algo que viviese el segundo día en el Camino, por ejemplo, no tiene el mismo significado entonces que una vez acabado el Camino. Para ello tendría que haber llevado un diario que ahora estaría transcribiendo, tarea ardua y hasta cierto punto estéril pues se trata de una tarea mecánica, salvo que al hilo de lo que se transcribe se escriban nuevas reflexiones, lo cual hace que el trabajo sea más arduo todavía, pero más gratificante. No sé; espero pasar por un período de reflexión acerca de lo vivido este mes; esto supone, de algún modo, volver a hacer el Camino, o continuar en él, con el peligro de caer en una profunda zanja de la que muchos no salen. Hay gentes que quedan atrapadas por el Camino, viven en él (literalmente), errantes; otros solo desean tener varios días de vacaciones para volver a recorrer sus senderos y entrar en sus iglesias.
Una cosa es bastante cierta: casi todo el mundo que hace el Camino repite. Hay algo de nosotros que queda atrapado por él. Muchos de los peregrinos con los que he hablado ya eran veteranos, ya lo habían hecho más de una vez. Otros lo habían comenzado años atras y pretendían terminarlo en años venideros, dependiendo de sus vacaciones. Y los más de los principiantes se iban con la intención de regresar, de volver a hacerlo. ¿Qué es eso, entonces, que engancha del Camino? ¿Son sus iglesias? ¿son sus gentes (peregrinos, hospitaleros, habitantes)? ¿son sus paisajes? ¿es el logro conseguido después del sacrificio de cada día, después del sacrificio de un mes entero? ¿o es la llamada interior, tal y como rezaba una inscripción a la entrada de Logroño? Quizá sea todo junto y quizá ese "totum revolutum" produzca un sentimiento difícil de expresar, difícil de explicar, fácilmente confundible con esa "llamada interior", con una llamada divina. Esto último es meramente una justificación atea de mi lenguaje místico-religioso. Pero es difícil hablar del Camino, hablar de la experiencia en el Camino, sin utilizar ese lenguaje.
Es difícil no utilizarlo cuando tras dormir en una ermita a orillas del Pisuerga, a las siete de la mañana, con el viento azotando los rostros, un ateo recibe la bendición del peregrino y pronuncia un "amen" carrasposo, carraspera que simplemente retarda un poco el afloramiento de las lágrimas, lo suficiente para poder enjugárselas en solitario, ya cruzando el río. Por supuesto ese ateo era yo.
Y por supuesto esa manifestación de las emociones es producto de las vivencias dentro de una determinada ideología. Esta ideología es lo que se puede denominar como la "Mística del Camino" y supone que además de recorrer el camino físico-geográfico el peregrino recorre un camino espiritual marcado por la reflexión mientras camina y por la oración en los templos por los que pasa, si es que es religioso. De este modo "cada uno recorre su propio camino", que es una de las coletillas que más se oyen, sobre todo al comienzo, cuando la gente se va conociendo, allá en Navarra; pero ese camino que uno recorre en solitario no solo es el espiritual, sino también el geográfico, pues para poder reflexionar el peregrino ha de marchar en solitario. Además los expertos recomiendan que cada uno vaya a su paso, sin plegarse al paso de otro, pues acelerar el paso puede suponer la aparición de ampollas o lesiones; en cambio ralentizarlo no, es hasta beneficioso... Pero puede acabar con la paciencia de algunos. Y el camino, además, no es solo uno (geográfico o personal), sino muchos; la concha de vieira, símbolo del peregrino, simboliza precisamente la multiplicidad del Camino: muchos son los caminos geográficos que llevan a Compostela (el camino francés, el del norte, el primitivo, la ruta de la Plata, el portugués...), muchos los caminos personales que llegan a él, tantos como peregrinos, pero incluso cada camino personal es una multiplicidad de caminos. Es rara la persona que hace el Camino con un único objetivo (devoto, deportivo, cultural...) que marcaría un camino unidimensional castrando todas las demás dimensiones. El Camino suele hacerse con un espíritu abierto que permita el cambio que se necesita en nuestra vida.
Y es que parte de la ideología del Camino, de su mística, consiste en que todo aquel que lo comienza necesita una transformación en su vida; el Camino supone un paréntesis en nuestros quehaceres, un paréntesis, sin embargo, distinto a unas vacaciones normales, aunque se haga durante el tiempo de las vacaciones. Mucho se ha escrito y mucho se ha dicho acerca de que recorrer el Camino de Santiago transforma a las personas, es algo que pertenece a nuestra cultura cristiana, por muy ateos que seamos; por ello, cuando comenzamos el camino, lo hacemos para cambiar, aunque no sepamos en qué dirección.
Caminar durante ocho horas seguidas día tras día, da para mucho, para hablar con los compañeros y para pensar en solitario, para esforzarse físicamente y para conocer la cultura de los lugares (su gastronomía, sus gentes, su arquitectura...), su clima, etc. Nuestras reflexiones, pues, pueden cambiar de dimensión. Hace 13 años, cuando viajé por el Bierzo, me causaban extrañeza las pintadas "O Bierzo ceive", "O Bierzo galego", pero tras pasar varios días en dicha comarca se entiende que sus habitantes se sientan gallegos, no leoneses: su clima y su vegetación es más parecido al de Galicia que al de Castilla, y su lengua también. Otra cuestión es la pertinencia política del asunto, en la que no quiero entrar. De ahí puede saltarse a pensar sobre nuestra vida personal.
Y es que mucha gente camina para reflexionar, para "hacer los deberes", como decían unas compañeras peregrinas (Ana e Isabel; besos para vosotras, nenas), como si eso no se pudiera hacer a lo largo de la vida cotidiana. Al menos en el aspecto de la reflexión profunda para mí el Camino no ha supuesto nada especial, debe ser producto de mi deformación académica según la cual me da por pensar todo el día. Y tampoco sé hasta qué punto habré cambiado, si es que he cambiado algo en cuestión de actitudes, ya que en cosa de conocimiento sí existe un cambio y un deseo de crecimiento.
Otro aspecto de la multiplicidad del Camino simbolizada en la vieira es la diferencia existente entre las distintas veces que pueda recorrerse el mismo camino geográfico, pues las gentes con las que caminemos serán distintas, distintos los paisanos con los que nos topemos, y distinto puede ser el clima con el que lo hagamos. Este verano ha sido ideal: muy fresquito para recorrer las llanuras castellanas y poco lluvioso para recorrer la orografía gallega, lo cual nos ha hecho sufrir bastante poco, si es que resulta poco andar 30 km. todos los días cargando con ocho o diez kilos a la espalda durante 34 días. Y así lo confirma la gente que repite, siempre es distinto y siempre gratificante.
Esa gratificación al menos para mí se cifra en dos aspectos: la solidaridad y el entendimiento entre los peregrinos, por un lado, y la perseverancia de uno mismo, por otro. Aunque las más de las veces la segunda necesita de la primera, es decir, que para continuar caminando necesitamos del apoyo, moral o físico, de otra persona. En el Camino nadie le niega a otro lo que éste necesita, pero es que éste tampoco tiene ningún prejuicio para pedirlo: a mí la madre de una niña de 8 años me ofreció una cama en un albergue cuando éste estaba completo, para lo cual ella y su hija (que también andaba sus 20 km diarios) tuvieron que dormir en la misma cama, me han invitado a comer y cenar varias veces, me han proporcionado medicinas...
Esto, junto con la multitud de personajes curiosos e interesantes que te encuentras a lo largo de todo el Camino, es probablemente lo que más enganche de él. "En el Camino encuentro la paz", me decía un peregrino que hacía el Camino a la inversa, "en la ciudad solo hay violencia, envidia y egoísmo"; según decía este hombre llevaba 8 años no haciendo el camino, sino viviendo en él, andando día tras día; su aspecto era el de un mendigo y su "misión" "remover las conciencias de las gentes, hasta que el Señor quiera llamarme y pueda dejar de andar". Continuaré hablando de él el próximo día. Por el momento solo diré que hay muy poca gente "normal" que recorre el Camino, todos los que lo hacemos tenemos cierta peculiaridad que nos hace diferentes y que nos hace afianzarnos en esa diferencia. ¿Acaso será eso lo que nos haga llevarnos tan bien, lo que proporcione esa sintonía?
Suele decirse también que el Camino es un reflejo de la vida de fuera, que en él se encuentra lo mejor y lo peor de nosotros mismos. Sin embargo no ha sido esa mi experiencia. He visto pocas cosas feas y casi siempre han venido de fuera, de gentes que no eran peregrinos, sino hostaleros, restauradores, hospitaleros, pseudo-peregrinos (turistas). Actualmente pocos peregrinos hacen el Camino por motivos religiosos, razón por la que nos tildan de locos, y es que tampoco sabemos dar una razón convincente; a la gente no le entra en la cabeza que puedan pasarse unas vacaciones andando 30 km diarios cruzándose media España, pero tampoco le entra en la cabeza que se haga por devoción al Santo: "A mí mi Dios no me manda eso, no me manda que sufra", me dijo una farmacéutica de Ponferrada, sin saber que yo era ateo. Tampoco comprenderá entonces a los costaleros de los pasos de Semana Santa, ni muchas otras actividades, religiosas o no, que exijan sacrificio físico. El sacrificio también hermana; pasar por el mismo dolor crea una fraternidad espiritual bastante fuerte que genera la formación de amistades y hasta de amores.
Hablaré de ello el próximo día. Besos.
Estas vacaciones mías no han sido unas vacaciones típicas, no me he quedado en el pueblo leyendo, haciendo deporte y tomando cervezas; tampoco me he ido de viaje para acabar mareado de tanto paisaje, tanto monumento y tanta discusión con los amigos. Ha sido una mezcla extraña: he tomado cervezas, he hecho deporte, he visto monumentos y paisajes (sin acabar mareado), he hecho amigos con los cuales no he discutido (aunque siempre habrá tiempo para ello)... He hecho el Camino de Santiago.
Han sido unos 900 km desde Saint Jean de Pied de Port (Francia) hasta Finisterre y Muxía. Comencé el día 3 de agosto y terminé el 6 de septiembre, 32 días de andanzas más uno de descanso en Santiago para asistir a misa (e intentar ver el Botafumeiro, cosa que no pudo ser pues ese día nadie pagó para que lo botasen), dar el abrazo al Santo, ver la ciudad... Perrear, en definitiva.
Voy a dedicar, pues, varias entradas o artículos del blog a contar mi experiencia en el Camino, sin embargo no podré hacerlo de modo sistemático, siguiendo un orden, ya sea temporal o temático (paisajes, pueblos, personajes, arquitecturas, curiosidades...), pues no he tenido tiempo para tomar notas durante el viaje. Tampoco me he llevado una cámara fotográfica para poder acceder rápidamente a los recuerdos. Tendré que confiar en mi memoria, bastante precaria, por cierto, y en los comentarios y fotografías de mis compañeros de Camino, con los cuales habré de ponerme en contacto en días venideros. Además, hacerlo de modo sistemático exigiría demasiado tiempo de preparación y sé que muchos de vosotros estáis esperando conocer mis aventuras y reflexiones.
Así que voy a comenzar a escribir tomando apuntes de todo aquello que haya quedado grabado en mi memoria para luego poder contarlo. Probablemente lo que cuente no sea del todo cierto: algo que viviese el segundo día en el Camino, por ejemplo, no tiene el mismo significado entonces que una vez acabado el Camino. Para ello tendría que haber llevado un diario que ahora estaría transcribiendo, tarea ardua y hasta cierto punto estéril pues se trata de una tarea mecánica, salvo que al hilo de lo que se transcribe se escriban nuevas reflexiones, lo cual hace que el trabajo sea más arduo todavía, pero más gratificante. No sé; espero pasar por un período de reflexión acerca de lo vivido este mes; esto supone, de algún modo, volver a hacer el Camino, o continuar en él, con el peligro de caer en una profunda zanja de la que muchos no salen. Hay gentes que quedan atrapadas por el Camino, viven en él (literalmente), errantes; otros solo desean tener varios días de vacaciones para volver a recorrer sus senderos y entrar en sus iglesias.
Una cosa es bastante cierta: casi todo el mundo que hace el Camino repite. Hay algo de nosotros que queda atrapado por él. Muchos de los peregrinos con los que he hablado ya eran veteranos, ya lo habían hecho más de una vez. Otros lo habían comenzado años atras y pretendían terminarlo en años venideros, dependiendo de sus vacaciones. Y los más de los principiantes se iban con la intención de regresar, de volver a hacerlo. ¿Qué es eso, entonces, que engancha del Camino? ¿Son sus iglesias? ¿son sus gentes (peregrinos, hospitaleros, habitantes)? ¿son sus paisajes? ¿es el logro conseguido después del sacrificio de cada día, después del sacrificio de un mes entero? ¿o es la llamada interior, tal y como rezaba una inscripción a la entrada de Logroño? Quizá sea todo junto y quizá ese "totum revolutum" produzca un sentimiento difícil de expresar, difícil de explicar, fácilmente confundible con esa "llamada interior", con una llamada divina. Esto último es meramente una justificación atea de mi lenguaje místico-religioso. Pero es difícil hablar del Camino, hablar de la experiencia en el Camino, sin utilizar ese lenguaje.
Es difícil no utilizarlo cuando tras dormir en una ermita a orillas del Pisuerga, a las siete de la mañana, con el viento azotando los rostros, un ateo recibe la bendición del peregrino y pronuncia un "amen" carrasposo, carraspera que simplemente retarda un poco el afloramiento de las lágrimas, lo suficiente para poder enjugárselas en solitario, ya cruzando el río. Por supuesto ese ateo era yo.
Y por supuesto esa manifestación de las emociones es producto de las vivencias dentro de una determinada ideología. Esta ideología es lo que se puede denominar como la "Mística del Camino" y supone que además de recorrer el camino físico-geográfico el peregrino recorre un camino espiritual marcado por la reflexión mientras camina y por la oración en los templos por los que pasa, si es que es religioso. De este modo "cada uno recorre su propio camino", que es una de las coletillas que más se oyen, sobre todo al comienzo, cuando la gente se va conociendo, allá en Navarra; pero ese camino que uno recorre en solitario no solo es el espiritual, sino también el geográfico, pues para poder reflexionar el peregrino ha de marchar en solitario. Además los expertos recomiendan que cada uno vaya a su paso, sin plegarse al paso de otro, pues acelerar el paso puede suponer la aparición de ampollas o lesiones; en cambio ralentizarlo no, es hasta beneficioso... Pero puede acabar con la paciencia de algunos. Y el camino, además, no es solo uno (geográfico o personal), sino muchos; la concha de vieira, símbolo del peregrino, simboliza precisamente la multiplicidad del Camino: muchos son los caminos geográficos que llevan a Compostela (el camino francés, el del norte, el primitivo, la ruta de la Plata, el portugués...), muchos los caminos personales que llegan a él, tantos como peregrinos, pero incluso cada camino personal es una multiplicidad de caminos. Es rara la persona que hace el Camino con un único objetivo (devoto, deportivo, cultural...) que marcaría un camino unidimensional castrando todas las demás dimensiones. El Camino suele hacerse con un espíritu abierto que permita el cambio que se necesita en nuestra vida.
Y es que parte de la ideología del Camino, de su mística, consiste en que todo aquel que lo comienza necesita una transformación en su vida; el Camino supone un paréntesis en nuestros quehaceres, un paréntesis, sin embargo, distinto a unas vacaciones normales, aunque se haga durante el tiempo de las vacaciones. Mucho se ha escrito y mucho se ha dicho acerca de que recorrer el Camino de Santiago transforma a las personas, es algo que pertenece a nuestra cultura cristiana, por muy ateos que seamos; por ello, cuando comenzamos el camino, lo hacemos para cambiar, aunque no sepamos en qué dirección.
Caminar durante ocho horas seguidas día tras día, da para mucho, para hablar con los compañeros y para pensar en solitario, para esforzarse físicamente y para conocer la cultura de los lugares (su gastronomía, sus gentes, su arquitectura...), su clima, etc. Nuestras reflexiones, pues, pueden cambiar de dimensión. Hace 13 años, cuando viajé por el Bierzo, me causaban extrañeza las pintadas "O Bierzo ceive", "O Bierzo galego", pero tras pasar varios días en dicha comarca se entiende que sus habitantes se sientan gallegos, no leoneses: su clima y su vegetación es más parecido al de Galicia que al de Castilla, y su lengua también. Otra cuestión es la pertinencia política del asunto, en la que no quiero entrar. De ahí puede saltarse a pensar sobre nuestra vida personal.
Y es que mucha gente camina para reflexionar, para "hacer los deberes", como decían unas compañeras peregrinas (Ana e Isabel; besos para vosotras, nenas), como si eso no se pudiera hacer a lo largo de la vida cotidiana. Al menos en el aspecto de la reflexión profunda para mí el Camino no ha supuesto nada especial, debe ser producto de mi deformación académica según la cual me da por pensar todo el día. Y tampoco sé hasta qué punto habré cambiado, si es que he cambiado algo en cuestión de actitudes, ya que en cosa de conocimiento sí existe un cambio y un deseo de crecimiento.
Otro aspecto de la multiplicidad del Camino simbolizada en la vieira es la diferencia existente entre las distintas veces que pueda recorrerse el mismo camino geográfico, pues las gentes con las que caminemos serán distintas, distintos los paisanos con los que nos topemos, y distinto puede ser el clima con el que lo hagamos. Este verano ha sido ideal: muy fresquito para recorrer las llanuras castellanas y poco lluvioso para recorrer la orografía gallega, lo cual nos ha hecho sufrir bastante poco, si es que resulta poco andar 30 km. todos los días cargando con ocho o diez kilos a la espalda durante 34 días. Y así lo confirma la gente que repite, siempre es distinto y siempre gratificante.
Esa gratificación al menos para mí se cifra en dos aspectos: la solidaridad y el entendimiento entre los peregrinos, por un lado, y la perseverancia de uno mismo, por otro. Aunque las más de las veces la segunda necesita de la primera, es decir, que para continuar caminando necesitamos del apoyo, moral o físico, de otra persona. En el Camino nadie le niega a otro lo que éste necesita, pero es que éste tampoco tiene ningún prejuicio para pedirlo: a mí la madre de una niña de 8 años me ofreció una cama en un albergue cuando éste estaba completo, para lo cual ella y su hija (que también andaba sus 20 km diarios) tuvieron que dormir en la misma cama, me han invitado a comer y cenar varias veces, me han proporcionado medicinas...
Esto, junto con la multitud de personajes curiosos e interesantes que te encuentras a lo largo de todo el Camino, es probablemente lo que más enganche de él. "En el Camino encuentro la paz", me decía un peregrino que hacía el Camino a la inversa, "en la ciudad solo hay violencia, envidia y egoísmo"; según decía este hombre llevaba 8 años no haciendo el camino, sino viviendo en él, andando día tras día; su aspecto era el de un mendigo y su "misión" "remover las conciencias de las gentes, hasta que el Señor quiera llamarme y pueda dejar de andar". Continuaré hablando de él el próximo día. Por el momento solo diré que hay muy poca gente "normal" que recorre el Camino, todos los que lo hacemos tenemos cierta peculiaridad que nos hace diferentes y que nos hace afianzarnos en esa diferencia. ¿Acaso será eso lo que nos haga llevarnos tan bien, lo que proporcione esa sintonía?
Suele decirse también que el Camino es un reflejo de la vida de fuera, que en él se encuentra lo mejor y lo peor de nosotros mismos. Sin embargo no ha sido esa mi experiencia. He visto pocas cosas feas y casi siempre han venido de fuera, de gentes que no eran peregrinos, sino hostaleros, restauradores, hospitaleros, pseudo-peregrinos (turistas). Actualmente pocos peregrinos hacen el Camino por motivos religiosos, razón por la que nos tildan de locos, y es que tampoco sabemos dar una razón convincente; a la gente no le entra en la cabeza que puedan pasarse unas vacaciones andando 30 km diarios cruzándose media España, pero tampoco le entra en la cabeza que se haga por devoción al Santo: "A mí mi Dios no me manda eso, no me manda que sufra", me dijo una farmacéutica de Ponferrada, sin saber que yo era ateo. Tampoco comprenderá entonces a los costaleros de los pasos de Semana Santa, ni muchas otras actividades, religiosas o no, que exijan sacrificio físico. El sacrificio también hermana; pasar por el mismo dolor crea una fraternidad espiritual bastante fuerte que genera la formación de amistades y hasta de amores.
Hablaré de ello el próximo día. Besos.
| Mago de Oz: La Cruz de Santiago |

7 comentarios:
Bienvenido al club de los peregrinos que he hemos andado buscando y redescubriendo sus sentidos al camino. Será un placer ir leyendo tus reflexiones.
Hola, Jota. Hola Azu.
No sé si hubiera podido seguir caminando más días, al menos con la mochila a cuestas. La espalda ya me dolía bastante. Ahora me duelen las caderas cuando estoy largo rato sentado. Pero sí he visto gente que hacía el camino al revés, les preguntabas y te decían que iban a Roma. No sé, tendrían largas vacaciones o una vida muy pecadora, o una gran promesa que cumplir, o una vida mundana muy pobre que necesitara ser enriquecida con la peregrinación.
Pero sí, cuando estás en el Camino te entran tentaciones de continuar, como Forrest Gump, siempre andando. Pero no solo las rutas de la cristiandad. Escribiría a Bono (el de U2, no el ex-ministro) para que me patrocinase el peregrinaje a todos los centros religiosos de las grandes confesiones, desde Jerusalén a Medina, desde allí a La Meca, luego a Najaf, después a Mashhad, Lhasa, Ceylán... Convirtiéndome así en el Gran Peregrino y entrando a formar parte de la Historia y del Libro Guinness... Y si cayese asesinado por alguna facción extremista hasta podría ser santificado por las facciones opuestas... QUÉ GRANDE!!!
QUÉ ESTUPIDEZ!!!
A PRIORI ME PEO EN EL CAMINO DE SANTIAGO, Salvo que los escritos del Sr. Zanjas me convenzan de lo contrario, algo a lo que estoy dispuesto (aunque me resistiré).
La categórica afirmación anterior me sirve para llamar la atención del lector hacia mi alegato contra el misticismo y la supuesta trascendentalidad, que es lo que realmente se desprende y rezuma de la crónica del propietario del blog. Es tal el malestar que me han producido las biscosas palabras sobre esa vía turística que trataré de desbordar, poniendo toda la acidez que mi mal de estómago permita, la primera cronica sobre el Camino de Santiago en las líneas que siguen. Todo ello con la máxima consideración hacia el propietario de un blog que, hasta ahora he venido siguiendo.
Sr Zanjas:
Tras leer su primera crónica y sin ánimo de molestar, me pregunto en primer lugar si todos los apelativos que adjudica al "Camino de Santiago" se podrían aplicar igualmente a "el Camino" en general, en sus diferentes versiones, incluso las metafórico-bingueras:
Para Kerouak la mística del camino consistía en ir montado en un coche hacia Frisco forrándose de trementina, peyote, be bop (que no tiene nada que ver con el hip hop) y follando a mares.
Para la mayoría de los escritores mediocres, "el camino" es la abundantemente manoseada metáfora de "la vida", a la que se puede dar un sentido más o menos místico, en función de las necesidades personales o la coyuntura histórica.
Algo parecido piensa el "sinpar" Sinatra cuando se marca el "My way". Su way tenía mucho que ver con vivir a todo lujo, bebiendo champagne para desayunar con diamantes, mientras recibía llamadas de algún mafioso.
Más próximos a la generación de los noventa; Heroes del Silencio, reivindican "el camino del exceso" en su obra (cumbre): "El espíritu del vino". Fieles a su propia definición pretenden emborracharnos de nuevo con una nueva gira, que efectivamente constituye un exceso para quienes, ya talluditos, nada nuevo pueden ofrecer salvo el espectáculo de la pérdida de la dignidad en público. (¡Vale, me quedé sin entradas y me jodio!).
El "exceso vital" es algo que teóricamente contraía a muchos derechistas españoles (valga la redundancia), de buenas costumbres para quienes el verdadero camino es el "american way of life". Idolatrando el modo de vida que imaginan del estadounidense medio.
Me he referido a diferentes significados que adopta el (in) significante "camino" para restar importancia terapeutica y mística al "Camino de Santiago".
Que sucedería si paralelamente al "Camino de Santiago" surgieran iniciativas como el "Camino del Richard" o mejor, el "Camino Snorfold", que iría de Getafe a Jaen por la Carretera de Andalucía con toda la solanera y finalizara con una meada ante un olivar.
Probablemente la gente que recorriera dichas sendas experimentaría sentimientos parecidos a los del Sr. Zanjas en su aventura santiaguina. Dicho lo cual me atrevo a observar que lo importante no es el camino (sea el de Santiago o la afamada "vía Snorforld"), sino las personas que por el circulan. Bien es cierto que del camino se pueden derivar unas condiciones propicias para la interacción, la solidaridad o el entendimiento. El problema del Camino de Santiago es que esas condiciones son recreadas artificialmente y por tanto espectacularmente falsas. El camino de Santiago es un Show en el que los "peregrinos" (ja, Ja), contribuyen a dar credibilidad al decorado.
Veamos pues lo que subyace al camino: para empezar una tradición histórica que deviene en solera y que aporta una perspectiva mágica que entronca con lo místico en los casos en que el peregrino está dispuesto a dar un salto intelectual sin red metodológicamente cuestionable. Esta perspectiva se refuerza desde el ámbito comercial con el merchandaising propio del evento: conchas solapeñas, garrota de caminante o capa fardona. En torno al camino hay numerosas iniciativas turísticas que recrean el mito del peregrino sin rubor; fondas que se autodenominan hosterías, albergues que se disfrazan de centros de acogida a peregrinos, etc. Todo ello a un precio ajustado a la calidad ofrecida: yo te proporciono un “jergón de peregrino” y tu pagas menos euros que los que te costaría un hotel de tres estrellas.
El camino sirve para que muchas poblaciones sin el menor atractivo turístico se beneficien de un turismo que, de otra manera, huiría de semejantes secarrales.
Todo esto se complementa con la “específica psicología del peregrino”. Para empezar, el término peregrino rehuye de manera falaz el concepto turista (aunque sea rural) para dotar a los caminantes de un alo que el Sr. Zanjas viene a definir como “misticismo del camino”. Es cierto que el sufrimiento une a las personas y forja grandes amistades pero, el sufrimiento del Camino de Santiago no deja de ser un sufrimiento impostado, libremente decidido y hasta cierto punto falso, controlable y regulable a satisfacción del peregrino y sus posibilidades físicas.
Un sufrimiento que no es consecuencia de una marcha honesta contra la corriente, con un propósito loable y dificultades sobrevenidas e inesperadas como las que se encontraron los revolucionarios cubanos en su marcha hacia La Habana, o los refugiados españoles de la guerra civil, en su huída hacia Francia, cuando se encontraron con una sociedad que les rechazaba y unos campos de concentración terribles (Carles Fontseré en “Un exiliado de tercera”, da buena prueba del camino recorrido por los republicanos catalanes y las circunstancias que encontraron en el París de la Segunda Guerra Mundial). Un sufrimiento diferente al de los peregrinos de las pateras en busca del cielo en forma de Carrefour que perecen en el estrecho por cientos. No creo que sea necesario poner más ejemplos. Simplemente reivindico que el sufrimiento nunca es algo buscado sino encontrado, que el Camino de Santiago poco tiene que ver con los avatares de un grupo de seres humanos en pos de un objetivo loable y , sobre todo creíble. Soy partidario de aplicar esa terminología al margen de la sociedad del espectáculo (Debord) y por ello proclamo que tiene mayor interés recorrer caminos poco explorados que el Camino de Santiago, que en este mundo, plagado de personas que sufren, existen numerosas causas y objetivos reales y que estos, tienen que ver con la lucha contra la injusticia. Objetivos que son más dignos de calificarse en sentido trascendente si alguien lo necesita. Caminos difíciles y tortuosos que proporcionan auténtico sufrimiento a quien los transita, pero también aventuras y amistad.
Entiendo que el “Camino de Santiago” debe ser considerado no como una vía mística, plagada de sentido trascendente sino como una “propuesta vacacional binguera más”, de ocio y descanso para los turista-caminantes, que tienen ocasión de conocer gente, ligar, catar buenos vinos, zampar buenas viandas, comprar souvenirs-conchas de recuerdo y finalmente zamparse un riveiro con queso de tetilla en Santiago de Compostela (supongo a esto se refieren con el supuesto jubileo).
Presto a colocarme las alpargatas (Nike) para el próximo año jubilar, y recorrer el camino con una perspectiva lo más binguera posible, me apresto a valorar el mismo con ésta que resulta la última pregunta de mi alocución. Una pregunta que realizo con júbilo a quien deseo hay tenido un “buen jubileo” y no haya olvidado el condón (¿llevarán los peregrinos, tan infame objeto?): Ahí va pues:
Oye ¿Cuántas mozas has conocido en la jubilar y santiaguesca travesía?
P.D. El que suscribe es posible que esté un tanto harto de las pijas que acudían a la india con vocación mística. En este caso muy new age, en torno al yoga, los chacras y otras gaitas.
Ostia. Hostia. Caminante. No hay camimo. ¿Te haces camino al andar? Me hubiera gustado ir a decirle hola a Sant Yago.
besos
Si no que se lo pregunten a Jonas. Me metí con él dentro de una ballena.
Ya tenía ganas de saber como te había ido, chaval!! Me alegra y me sorprende que lo hayas vivido intenso aunque digan lenguas ácidas que no has hecho más que pisa y pisotear vía turística (cosa con la que estoy de acuerdo pero no quita que tal y cual...). Seguiré con interés y gozo tus crónicas que me llevan a mí también a mis antiguos e inacabados caminos...
Me gusta que hayas ido a hacer el camino. No sé exactamente cuáles han sido tus motivaciones. Comprendo que tu cerebro, mente, alma o como lo quieras llamar, sea también ambiguo. Por supuesto, aprenderé y me lo pasaré en grande leyendo tus reflexiones.
Besos. Mirwav
Hola Paquiño!! ¿como fué el aterrizaje en la gran urbe? . !Que ganas tengo de seguir leyendo tus reflexiones sobre el camino! pues me perdí gran parte de él (mis pies lo agradecieron seguro) jajaja. aunque seguro me hubiera dado tiempo a hacer mas "deberes" y a sentirme mas fuerte.
Será un placer seguir leyendo tu blog al igual que lo fué compartir km y llegada a Santiago contigo
Un besote
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