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6 de febrero de 2008


Crónicas de Jorge (VII): Conakry

24 de enero, 2008.

He estado un poco incomunicado últimamente; pido disculpas a las personas que me han escrito preocupadas, pero es que las condiciones no son fáciles precisamente.


Ahora ando por la Guinea que fue francesa y aunque es un país africano de economía modesta, comparado con Bissau esto parece Las Vegas.

Como estoy un poco perro, en lugar de escribiros otra vez lo que ya me he escrito a mi mismo, os mando cortapegas, filtradas las cuestiones privadas, las excesivamente largas o las que llevan unas reflexiones políticas o históricas un poco más concretas (que si no estáis al día de la historia pasada o reciente de los sitios no os aportarían nada) de mi diario de viaje.

(Espero que no os aburra)

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(... en Bijagos tras haber alquilado una bicicleta que era un hierro, camino de Bruce, 36 km ida y vuelta, 10 ellos a pié tras pinchar)

Me costó un rato encontrar la carretera a Bruce, y esta tenía casi tantos trozos desconchados como asfaltados, pero en menos de una hora había alcanzado la playa, el paisaje del camino era interesante y pensé parar a la vuelta en alguna tabanca (pueblo) para realmente conocer las etnias de Bijagos. Casi pillo a una pedazo de serpiente y al final, cuando se acaba el camino, unos matorrales y joder, una pedazo de playa de la ostia, bueno, la verdad es que en España las debimos tener mejores o por lo menos iguales, la arena no es tan fina y tan blanca como la nieve, el azul no es cristalino, pero está bastante, bastante bien. Supongo que las nuestras eran iguales antes de llenarlas de chiringuitos y de pegotes de cemento desarrollistas, lo mejor del lugar es precisamente eso, el vacío, ni una lata, ni un plástico.

En todo lo que alcanza la vista solo unos pocos guiris blancos, que luego supe portugueses mojando sus carnes rosadas. Dejo la bici a la orilla del mar y con las gafas miro qué se ve. La vida marina es un poco escasa pero por lo menos el chapuzón quita el calor. Es extraño, parece como si a los de aquí no les importase el mar, tienen los pueblos (y es una isla) en el interior, más orientados a los campos de cultivo que arrancan a la selva (tras quemarla) que al agua.

Quema ya el sol y se hace tarde para comer, me resta aún una hora de bicicleta así que me despido de los portugueses con los que estuve charlando un rato. El asfalto no es fácil de encontrar entre la maleza pero doy con él. Una hora fueron 3 en virtud del pinchazo con el que la pista me obsequió, (nota mental, la próxima vez que alquile bicicleta no he de olvidarme de alquilar también parches y bomba). No me queda otra que parar en las tabancas como había previsto, pero esta vez no con intención etnológica sino mecánica.

En la primera los niños me rodean nada mas llegar, todos desnudos y mocosos gritándome que les ofrezca un caneta, lo que equivale a un "regálame un bolígrafo" en algún tiempo otro "branco" les hizo el flaco favor a su cultura y a su dignidad de regalarles algún bolígrafo y ahora no esta en sus mentes el que pedir es algo humillante. Este blanco sólo quiere ver cómo es una villa y lo cierto es que no visten del modo que vi a alguna local en el mercado, la verdad es que no visten, sencillamente, por lo menos los críos menores de unos 13 años, y los mayores van como nosotros, con camisetas de deporte y pantalones cortos, raídos esos sí.

No quieren foto y se me pega a repetirme la única frase que conoce un tipo que huele a vino de palma, la frase es "comontutapel" de un francés peor que el mío (y eso que el mío es inexistente) y cuando yo respondo mi nombre, lo siguiente es un "comontutapel" de nuevo.

En esta tabanca no va a haber nada interesante; con lo que pillo carretera con lo poco que me queda de aire y cuando ya toca la llanta al suelo no me queda otra que caminar, en este calor, humedad, sed y hambre, quedaran como 10 km que luego confirmo, aunque me costó bastante obtener esa información porque preguntes lo que preguntes siempre te dicen que quedan 18 km (alguien debió de decirles que es la distancia total de Bruce a Bubaque y es la única cifra que dan asociada a km).

Pasará hora y media o dos horas antes de que llegué al pueblo, y sólo entonces acabaré con el culín de agua recalentada que me queda, cuando desde un pozo al lado del camino dos lugareñas me llenen de nuevo el plástico, lo malo es que aunque tenga agua otra vez no puedo beberla hasta al cabo de 1 hora, mierda de tabletas potabilizadoras de mierda.
.....

El cayuco de vuelta a Bissau.

Me arrugo en el bote, a leer un rato mientras que pasan cosas, poco a poco cargan la barca con todo tipo de mercaderías entre las que se encuentran unos frutos rojos y pequeños, del tamaño de un diente de ajo, que intento morder y resulta durísimo, eso si, me dejan los dedos manchados de aceite anaranjado, no podría repetir el nombre de la semilla pero es de la que obtienen el aceite de palmera. Durante el viaje veré como un local, con los dientes más duros que los míos si lo come y pese a estar asqueroso el parece disfrutar mucho.

Cuando partimos charlo con Pier, un maestro de francés de la isla, de padre Senegalés y madre Guineana y hablamos de muchas cosas, entre otras del desperdicio que es toda esta riqueza de paisaje, de islas, de mar, sin ser aprovechadas para el beneficio de la población. Esto tiene unas posibilidades inmensas, de las 38 islas, sólo 26 están habitadas y hay algunas que son pequeños paraísos. Pienso que por un lado está bien que esto esté tan virgen, que quizá por el caos que es este país esto es todavía bastante puro, pero por otro comparto con J. Reverte (sobre Tis Isat) que a veces igual es mejor que las cosas no estén tan bellas como las naturaleza las creo, tan intactas si con un poco de intervención humana mejoran la vida de los que en el territorio habitan.

No hay caso, aquí no se hace nada y lo poco que se hace como me dijo ayer Luis (el cura de la isla), se lo llevan los franceses, senegaleses y mauritanos.

Me cuenta Pier que va al medico en Bissau, que le duele el hombro y que va a que se lo miren, aquí la medicina es cara, 7500 por una radiografía como poco, me dice (a mi no me parece excesivo pero para él está claro que lo es). G. Bissau es pobre no porque no haya cosas, el almacén abarrotado hasta el escándalo que vi ayer lo demuestra, es pobre porque las cosas tienen un precio inaccesible para la gente.

Al desembarcar voy caminando los 4 km que me separan del centro de la ciudad, me recoge un lugareño en su Pick up, casi toda la gente de aquí tiene un nivel de formación bajísimo, y los pocos que lo tienen alto, no están acá; este tipo sin embargo, de nombre impronunciable (no es nombre cristiano como el de los anteriores) trabaja para la compañía nacional de hidrocarburos, hace prospecciones, es un geólogo formado en la Universidad Internacional Patrice Lumumba de Moscú (la Guinea socialista de Cabral), de nuevo siento que aquellos que dicen que el sueño no valió para nada se equivocan, se hicieron cosas, cositas, y aquéllas, como que este tipo siga trabajando para lo publico en este país, siguen brillando. Le deseo que finalmente encuentre el petróleo que busca la gente de aquí; desde luego necesita un golpe de suerte, los únicos golpes que han conocido son los de Estado.

Me dice, al igual que afirma Mathew Lockwood en su libro sobre el estado de la economía en África, que este país está muy vinculado a un tipo de exportación material poco diversificada. Cuenta que hace unos años vieron como la fiebre del anacardo en el mercado hacía pagar hasta 600 CFA por kilo y muchos dejaron cultivos tradicionales de subsistencia (como el arroz, que se importa ahora desde Thailandia y Uruguay entre otros) y se pasaron a este fruto seco (todo se volvió ancardos), pero que tanto plantaron que andan demasiado juntos los arboles o los arbustos (no sé) y no reciben suficiente sol, y se paga ahora más la calidad que la cantidad, pero que de todos modos el precio ha descendió hasta 100 CFAs el Kilo, y por ese precio no merece la pena ni bajarlo de los arboles, que crece prácticamente sólo, si, pero hay que recogerlo, pelarlo, secarlo y el precio es una miseria. Ahora qué los arrozales perdieron sus diques y el agua salada entró, la tierra tiene demasiada sal y de nuevo el que se ha pasado al arroz tiene problemas, la tierra dejará de estar salada (si llueve mucho en unos dos años, entre tanto el rendimiento de los campos será escaso).

Aquí un saco de 50 kg de arroz se vende por 15000, unos pocos km más al norte sólo por 11500, hay contrabando, pero la cosa está tan malita de militares (no que lo impiden, sino que quieren su parte) que el contrabando es por los caminos, entrándolo en bicicleta, de uno en uno, de a poquito.

(... otro trozo...)

Nuria lleva aquí unos años organizando que en la zona de Ngoré haya algún tipo de formación para los chavales, levantando escuelas, la ONG para la que trabaja, una ONG extremeña, paga a los profesores locales que no paga el Estado para que en esta área haya colegios. Me cuenta: suele ocurrir que los sueldos de los profesores en donde no están ellos, los pagan los padres a escote para que sus hijos puedan ir al cole (formación básica sólo); en Bissau hay institutos de secundaria, pero el año pasado dieron sólo 4 meses de clase, los maestros estaban en huelga porque no cobraban, bueno, no es que estuvieran en huelga, es que no iban a dar clase porque tenían que trabajar en otra cosa para poder vivir mientras no les pagaba la administración, todavía sólo del curso pasado les pagaron un mes.

Todo está hecho una mierda; el país está desestructurado, y lo peor es que la gente lo acepta con una pasividad africana. Pienso desde mi poca experiencia africana que gran parte del problema es la sumisión, el "esto es África, esto es así" de muchos de ellos; Nuria lo comparte, me dice que tienen una expresión "Djitokaten" que significa "sufre" o "a joderse toca" cuando algo es como todo esto que os estoy contando. --"Djitokaten"(criollo). Transcripción fonética, desconozco /Djito/ ka = no, ten = tengo--

"Djitokaten" tendrán que decir dentro de unos meses cuando comiencen las epidemias de cólera (ojalá llueva pronto) en Bissau. Bissau capital del estado, con una población de 355.000 (con datos del 2004) no tiene luz eléctrica, no tiene agua corriente (de momento nos apañamos con bidones que llegan de algún pozo cercano), pero los pozos andan secándose y como la estación seca se alargue va ha haber un grave problema importante de salubridad, 355.000 personas en una ciudad sin nada de agua es una mala cosa, igual no os hacéis mucho a la idea pero a mí ha comenzado a parecerme milagroso el hecho de que allí abramos un grifo y haya agua, que haya agua siempre, a las 3 de la noche y a las 10 de la mañana, pienso cada vez más que vivimos en occidente en una burbuja que no sabemos valorar.

Nuria también me cuenta de las creencias locales y de su ingenuidad. Me cuenta de el hombre que se convierte en lagarto (y él mismo se lo cree), de la niña que murió porque se tragó el anillo de un espíritu, de los rituales para hacerlos invulnerables a las balas (eso ya ocurrió antes con fatales consecuencias para los Tanzanos y para muchos Kamajor en su lucha contra el FRU). Cuenta que cuando ven una película en el cine de la Tabanca cercana (una tele un poco grande enganchada a un DVD) se la creen, si él se convierte en lagarto, ¿por qué otro no va a poder convertirse en hombre lobo?

(... Viaje a Quebo)

En mi tangana viaja Mama Sami, una Fula (etnia emparentada con los Diola; el Fula del Diola difiere como el italiano y el castellano entre si.) simpática y regordeta que no deja de mirar las páginas que leo; acabo de comenzar "La voz dormida" y me pregunta de qué va. Le cuento un poco y sigo leyendo, pero ella acompaña mis líneas leídas con su mirada también y de cuando en cuando me pregunta qué significa tal o cual palabra (fala portugués, es lengua oficial y la conocen las personas que tuvieron la suerte de poder ir a la escuela; en el campo casi nadie y en la ciudad la hablará, por mi experiencia, 1 de cada 5). Como veo que le interesa comienzo a leérselo en voz alta parando cuando veo ojos de interrogación en algún párrafo y explicándoselo luego, lo cierto es que es un poco cansado, pero cuando me paro ella dice que siga, que le gusta la historia. Avanzamos a través de 53 paginas de la posguerra española, para ella es como una telenovela que le van contando hasta que paramos en Buba.

Estiro las piernas un rato mientras hago con unos locales una quiniela verbal sobre los partidos de esa tarde, Marruecos/Namibia (está claro), Côté D´Ivoire/Mali es más complicado pero Nigeria/Benín es fácil también, es día 21, son los partidos de esta tarde, en un bar de Buba cobran 100 CFAs por pasar a verlos. A día de hoy desconozco el resultado del último, pero los dos primeros los acertamos. Una vendedora ambulante vende huevos, me dice "brincando" (bromeando) que la lleve para España, la respondo que no puedo; me quiere vender huevos otra vez y "brincando" yo también la digo que no me hacen falta, ya tengo, no lo comprende pero su compañera que vende bollos si lo coge y se ríe, luego según se alejan se lo explica y ríe ella también, la gente tiene muy buen rollo.

[...]

No me gusta confraternizar mucho con estos militronchos de aquí porque anoche me contaron cómo se las gastaban con la población y cómo se lo llevan crudo y algunas fechorías de los de verde. Cuando vuelvo a la furgo, Mama Sami está más distante conmigo; pienso que me ha visto hablando con el "enemigo" y esa puede ser la razón, pero le comento que el tipo me quería enrollar pero que no me caen bien; parece "perdonarme" y seguimos la charla normalmente.

Al cabo de un rato llego a Quebo donde me dejan rodeado de vendedores ambulantes de plátanos, bollos, agua y mejunjes líquidos de varios colores en bolsas de plástico... Mama Sami se despide de mi a través de la ventanilla; se aleja en la Tangana azul.


En Quebo

La "Alfandega" es la aduana, un edificio a la entrada del pueblo, cerca del cual se ve una montaña de televisores Sharp de 21" y mogollón de sacos de comida y cosas varias entre la cuneta y la citada construcción (no quiero ser mal pensado, pero parece el botín de hoy). También hay unos tipos sentados en bancos, todos de paisano, tocándose las pelotas, hablando y riendo. Me pregunta Bashir, uno de ellos, en perfecto inglés qué quiero y le digo que ando buscando habitación y me han dicho que allí tienen.

En efecto, tras la Aduana están construyendo una especie de hotel barato (esperemos que ese sea finalmente su uso futuro) en el que me dan habitación por 3500; bueno, no está mal, no hay luz (como ya es habitual) ni agua corriente, pero el colchón está limpio y me traen un bidón para lavarme y para echar al inodoro (occidental, qué suerte) después de usarlo, también una vela y un mechero. ¿Qué más se puede pedir? Pues seguridad para mi equipaje mientras no esté. Me dice Bashir que no hay problema, que aquí no hay "mafia", que aunque los he visto de paisano, todos ellos son militares y asoma en su cara media sonrisa cuando se levanta la camisa y me enseña la culata de su pistola metida entre su piel y el pantalón. No sabe Bashir que es precisamente esa "protección" de la que desconfío. Con todo Bashir parece que va a ser un tipo honrado conmigo, ha hecho buenas migas y me cuenta de cuando estuvo dos años en Inglaterra.


Saltinho

Saltinho no es como pensaba una cascada de gran altura y espectacularidad, es un conjunto de desniveles (ninguno mayor de 2 metros) en los que el rio Corubal se despeña un poco, y que forma una especie de pequeño lago en el que es muy agradable nadar. Es precioso, sólo viene como pequeña reseña en el LP y es más agradable para mi que Bruce por ejemplo; no tienen ni puta idea.

El agua está bastante templada y es cristalina aunque si tocas el suelo enseguida se enturbia de un verde brillante por el sol. Nado un rato.

Esto es África y, además de la naturaleza, lo bueno que tiene es como ya he escrito alguna vez el paisaje humano. En las riberas del rio están las lugareñas apalizando la ropa en las rocas y llenándolas de jabón, charlan jacarandosas y ríen, van desnudas de cintura para arriba, y un poco más allá están todos los mocosos de las lavanderas, jugando con el agua. "Branco", "Branco", me llaman a distancia. Yo me acerco y me dicen que les saque una foto, y que les dé "diñero" (algún guiri anterior vino a joderla) les digo que no y finjo indiferencia ante el cuadro que lo cierto es que sí mola mogollón. Me subo un poco río arriba y hay otro grupo de mujeres, me siento a su lado y miro, lo bueno de ser viajero en lugar de turista es que tienes todo el tiempo del mundo, y en este caso, me siento a mirar, a disfrutar de la escena durante 40 minutos largos. Al fondo veo que llegó un pick up con unos cuantos "rosados" que sí se acercaron a las lavanderas agresivas, sí tomaron las instantáneas y sí se fueron, todo en 10 minutos, ...y dirán que han estado en Saltinho.

Pega el calor y me vuelvo a bañar un rato, está vez me acompañan algunos críos que no se alejan mucho de la orilla, creo que no es uno de los intereses de la gente de aquí el saber nadar. Me seco un rato al sol y me miran, y yo les miro a ellos, de todos los colores que nos distinguen, somos iguales no sólo en el interior (los órganos y todo eso) y en lo blanco de los ojos, también me llama la atención que tienen la palma de los pies como la mía. Parece una ironía, yo camino mucho, camino como un africano, igual es que su planta no es como la mía, la mía es como la de ellos, en "Kuma" decían y cierto es, que nosotros descendemos de ellos, ellos son nuestro origen. Flaco favor les hacemos a veces a nuestros "padres".

Me voy a poner la ropa de nuevo cuando me doy cuenta de que huele a "viaje" y aprovechando que hay agua dulce en abundancia les doy un restregado (ojalá me hubiese traído el resto, la que tengo en la mochila). La vieja que lava me mira y se ríe, probablemente no habrá visto a muchos hombres lavando, se ríe pero me ofrece y me acerca jabón. Creo que es a veces nuestra presencia tiene influencias negativas, esta vez pienso que ha sido buena.

Algo de espuma que quita el "viaje" de mi ropa y la tiendo en las piedras al sol.

(... Vehículo averiado en la selva en la frontera entre guineas, todo el día tirado esperando, probablemente no lo reparen hasta mañana)

Si es así tendré que volver al Land (4 kilómetros atrás) para tomar mi saco-sábana, no hay cabaña así que será al raso; llevo tomadas las de la malaria, aquí no hay donde colgar la red. Me ofrecen un poco de arroz con pescado a eso de las 17 y tomo un poco por matar la gazuza, no es con pescado, es con las raspas de un pez con lo que lo han cocido y jamás hubiese sospechado que el hambre hiciese parecer un manjar un plato tan simple.

Al fondo, en un transistor, escuchan los partidos de la copa de África algunos compañeros de viaje mientras colgado de una cabaña se queja otra radio, en otra frecuencia sintonizada, por la que comienzan a salir las notas del himno. La imagen es surrealista, en una frontera que constituye un palo puesto en horizontal sujeto por otros dos a los extremos del camino, un militar dando ordenes a voz en grito a su único soldado, un joven que lleva uniforme verde liso (el mando de mimetizaje). En posición de firmes a unos 3 metros de distancia se miran y se saludan con la mano en la frente, después casi con paso de oca, se acerca el cabo y arria la bandera mientras el mando sigue saludando. De pronto el capitán repara en nosotros y nos espeta a que nos pongamos en pié, bajo una reprimenda y de un modo tímido mis compañeros se levantan extrañados (ellos no son de este país) también dirige la bronca hacia mi, pero yo le miro, veo que ladra mucho pero va desarmado y paso de él, no me levando por la estanquera, no lo voy a hacer por la suya. Finalmente el cabo tras haberla doblado meticulosamente se la entrega en la mano y se retiran ambos al interior de la cabaña. Nos quedamos todos un poco perplejos, mirándonos unos a otros como diciendo ¿y este tío?

Luego cuando a la caída del sol llega por fin el carro reparado es la hora de los documentos de identidad y pasaportes, me pide la cartilla de vacunación que está en el fondo del equipaje que está atado fuertemente en el techo. Le digo que si hace falta lo saco, pero que es un pollo gordo, finalmente me pide pelas (la típica mordida, el Estado tampoco les paga mucho como a los profesores y viven del trapicheo) pero rehúso, le digo que no que si hace falta lo busco, y me dice que vale, que lo deje.

Cuando partimos de nuevo ya no hay sol, y no nos vemos las caras, hay que bajar cada 2 x 3 para cruzar los ríos a pata, y me sorprendo de no haber caído en ninguno, el puente suele ser un tronco y aunque no me hubiese matado (el agua está blandita) no mola caer al río de noche en la selva. De todos modos y a partir de ahora cuando vaya a viajar procuraré embalar la electrónica por lo menos en bolsas de plástico dentro del macuto.

Nace una luna redonda que se recorta en las palmeras, la miro y pienso que ojalá gente a la que echo de menos la esté también mirando; la luna a cada rato se esconde, cuando nos abraza la selva y por un rato vuelve a ser noche cerrada hasta el siguiente claro.

2 comentarios:

Anónimo dijo...

11811,tienes un amiguete viajero muy,pero que muy salado,tan salado que hasta es posible que acabe en el interior de un perol,cual lechoncillo cocinado vuelta y vuelta a lo Bokassa.Sus crónicas están que crujen,pero eso sí,cuidado con los parásitos.

J. F. Sebastian dijo...

Interesante crónica Rossa. Ha sido usted agraciado con el premio 'Arte y Pico'. Rogamos se pase por el blog a recogerlo. SalU2 JFS

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Zanjas profundas en tu mente
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Zanjas que nos escinden
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