Crónicas de Jorge (IV): El contrato
26 de diciembre 2007
Antes de salir, hice un pacto con África: "tomaría cualquier cosa que se moviese en mi dirección, ella a cambio me llevaría donde quisiese". No leí sin embargo la letra pequeña del acuerdo, esa en la que se especifica que a veces habría de pasar frío y hambre, otras polvo y sueño y casi siempre incomodidades. Pero esa es la forma de conocer África en la que creo; claro que podría alquilarme un 4x4 y volar por las carreteras o pistas de esta Mauritania en la que me encuentro, pero así no se conoce la tierra, así no se conoce la gente.
De Nuadibú cogí el que dicen el tren más largo del mundo, lo cierto es que probablemente lo sea, más de dos kilómetros desde las máquinas hasta el ultimo vagón, todos menos cuatro son destinados al transporte de mineral (el tren del hierro, le dicen), y es eso precisamente lo que me atrae, no los récords de longitud, sino el estar marchando en un tren que está íntimamente relacionado con la historia de este país, con la caída de un régimen y con la guerra del desierto que durante muchos años se libró en la zona y que (inshalá) no está del todo cerrada.
En la época en que Mauritania sostenía una guerra contra natura que le enfrentaba con sus hermanos saharauis (por lo menos en el habla hassanía y en mucha de la sangre que tiene la gente de los pueblos del interior) este tren era punto de constantes ataques del Frente Polisario hasta tal punto que la economía del país se vio tan afectada por la detención de las exportaciones de hierro que venía realizando que la situación fue insostenible y los militares Mauritanos, hartos de sostener una guerra injusta por interés de la antigua metrópoli a costa de sangre propia y de una inflación brutal, dieron un golpe de estado que derribó a Uld Dada, (el títere puesto por Francia al marcharse).
El trazado de la vía es surrealista si no fuesen también surrealistas las líneas fronterizas dejadas en la descolonización, hace una L a lo largo de la frontera, para evitar cruzarla. El ferrocarril en este país no tiene que ver con el ONCF Marroquí, aquí las 14:30 de la hora de partida se convirtieron en las 16, las "estaciones" son sólo sitios en los que para el tren, ni carteles, ni andenes ni nada, saltas del vagón a un trozo de arena en el desierto en el que hay cuatro casas y eso ya es una "ville", pero sobre todo lo que no tiene comparación son los vagones.
En algún momento tuvieron una vida mejor en las vías europeas, porque todos los carteles de prohibido asomarse a las ventanillas, o prohibido fumar... están en francés, alemán e italiano. Eso es todo lo que le tiene de común con un vagón de los nuestros, por lo demás las ventanas no suben o no bajan (si tu compartimento tiene la ventana abierta, tendrás paisaje, pero también tendrás arena, si por el contrario la ventana está cerrada, la opacidad de la mierda en los cristales te roba el paisaje).
10 horas a unos 45 km de media son matadoras. No hay gomaespuma en los asientos y por ello se te clavan los hierros que la servían de soporte, y cuando la noche cae todo se convierte en negrura. Se adivinan los cuerpos de los que fuman por esas luciérnagas rojas que son las puntas de su tabaco, de los que llevan ropa clara ves sólo la camiseta, parecen sin brazos ni cabeza, me equivocaba cuando decía que por la noche no hay extranjeros, yo si adivino mis extremidades, pero las de mis compañeros de vagón (que son negros) no existen.
La luna, casi llena hace que el desierto tenga la apariencia de ser de sal.
Tiene de bueno sin embargo el ferrocarril mauritano (como sus otros medios de transporte) la hospitalidad de los compañeros de viaje, no sólo conmigo, también entre ellos. Da igual quien traiga qué, cuando es la hora de comer todos exponen o comparten lo que llevan.
En cualquier AVE nuestro, mirarías con desconfianza al que entablara conversación contigo, pensarías al momento "¿Qué querrá éste?"; aquí sin embargo, al poco de comenzar la marcha están todos los viajeros de mi compartimento en charla animada. Desgraciadamente no se hassanía y no me puedo unir a ella, pero por lo menos durante un rato sé que trató de política y del extranjero que viaja con ellos, porque escuchaba que comentaron el titulo que figuraba en la portada de lo que leía y luego durante un rato escuchaba "Mauritan, saharaui, spania" mezclado en su conversación.
De los otros medios de transporte que he probado, decir que el más habitual ha pasado a ser el /taxi brush/ lo pongo fonético porque no se que origen tiene pero lo dicen así, es el taxi que se pilla entre varios (muchos varios) para ir entre ciudades.
Suelen ser mercedes de de hace 20 años en los que viajamos 4 personas atrás y tres delante, y bueno, para un rato no sería muy incómodo; el problema es cuando haces 6 horas o más, ya no sabes como ponerte para que no se te clave el codo del de al lado o para que te quepan las piernas. Con todo, acabas acostumbrándote. Si tienes suerte y el conductor tiene buen gusto, la música será variada (dentro de que es local), pero como des (y ya me ha pasado dos veces) con un tipo que sólo tiene una cinta o le gusta mucho esa, tienes 500 km de "autorreverse" constante.
De todos modos lo que más me ha gustado es viajar en pick-up.
Se supone que tienes dos tarifas, la cara (es un decir, aquí todo está tirado) que es la de viajar dentro del coche, y la barata que es la de viajar en la parte trasera (yo creo que debía ser al revés, yo siempre viajo en la parte trasera, es mucho más divertido ir dando botes entre la mercancía y con otra peña que no se pudo pagar la tarifa cara) .
Estos vehículos los pillas en las zonas donde no hay carretera (no siempre va la carretera donde a ti te gustaría) y hacen que vayas dejando una estela como si estuvieses ardiendo. La sensación de libertad es total, creo que seguramente mayor incluso que el que va conduciendo porque el tiene que estar pendiente de la pista, pero tu sólo de mirar el paisaje.
Durante 2 horas que duró el viaje a Chinguetti pude disfrutar del viento en la cara y del paisaje (espectacular) de las montañas pedregosas a las que trepa el vehículo y en las que no hay una brizna de vida.
Ya en la meseta sí hay algo: plantas; la pista rojiza hace que nuestra estela difumine a críos o pastores que saludan con la mano cuando pasas. Sólo en la distancia, cuando ya se ha disipado los ves como puntos pequeñitos.
Se puede viajar mejor, sí, pero entonces no es viajar.
Iba a enrollarme más en la primera parte con datos históricos y económicos, pero me da la impresión de que todo estoy que estoy viviendo en primera persona y que me entra por los poros igual os resulta un poco distante y marciano así que he resumido para no abrasar.
Antes de salir, hice un pacto con África: "tomaría cualquier cosa que se moviese en mi dirección, ella a cambio me llevaría donde quisiese". No leí sin embargo la letra pequeña del acuerdo, esa en la que se especifica que a veces habría de pasar frío y hambre, otras polvo y sueño y casi siempre incomodidades. Pero esa es la forma de conocer África en la que creo; claro que podría alquilarme un 4x4 y volar por las carreteras o pistas de esta Mauritania en la que me encuentro, pero así no se conoce la tierra, así no se conoce la gente.
De Nuadibú cogí el que dicen el tren más largo del mundo, lo cierto es que probablemente lo sea, más de dos kilómetros desde las máquinas hasta el ultimo vagón, todos menos cuatro son destinados al transporte de mineral (el tren del hierro, le dicen), y es eso precisamente lo que me atrae, no los récords de longitud, sino el estar marchando en un tren que está íntimamente relacionado con la historia de este país, con la caída de un régimen y con la guerra del desierto que durante muchos años se libró en la zona y que (inshalá) no está del todo cerrada.
En la época en que Mauritania sostenía una guerra contra natura que le enfrentaba con sus hermanos saharauis (por lo menos en el habla hassanía y en mucha de la sangre que tiene la gente de los pueblos del interior) este tren era punto de constantes ataques del Frente Polisario hasta tal punto que la economía del país se vio tan afectada por la detención de las exportaciones de hierro que venía realizando que la situación fue insostenible y los militares Mauritanos, hartos de sostener una guerra injusta por interés de la antigua metrópoli a costa de sangre propia y de una inflación brutal, dieron un golpe de estado que derribó a Uld Dada, (el títere puesto por Francia al marcharse).
El trazado de la vía es surrealista si no fuesen también surrealistas las líneas fronterizas dejadas en la descolonización, hace una L a lo largo de la frontera, para evitar cruzarla. El ferrocarril en este país no tiene que ver con el ONCF Marroquí, aquí las 14:30 de la hora de partida se convirtieron en las 16, las "estaciones" son sólo sitios en los que para el tren, ni carteles, ni andenes ni nada, saltas del vagón a un trozo de arena en el desierto en el que hay cuatro casas y eso ya es una "ville", pero sobre todo lo que no tiene comparación son los vagones.
En algún momento tuvieron una vida mejor en las vías europeas, porque todos los carteles de prohibido asomarse a las ventanillas, o prohibido fumar... están en francés, alemán e italiano. Eso es todo lo que le tiene de común con un vagón de los nuestros, por lo demás las ventanas no suben o no bajan (si tu compartimento tiene la ventana abierta, tendrás paisaje, pero también tendrás arena, si por el contrario la ventana está cerrada, la opacidad de la mierda en los cristales te roba el paisaje).
10 horas a unos 45 km de media son matadoras. No hay gomaespuma en los asientos y por ello se te clavan los hierros que la servían de soporte, y cuando la noche cae todo se convierte en negrura. Se adivinan los cuerpos de los que fuman por esas luciérnagas rojas que son las puntas de su tabaco, de los que llevan ropa clara ves sólo la camiseta, parecen sin brazos ni cabeza, me equivocaba cuando decía que por la noche no hay extranjeros, yo si adivino mis extremidades, pero las de mis compañeros de vagón (que son negros) no existen.
La luna, casi llena hace que el desierto tenga la apariencia de ser de sal.
Tiene de bueno sin embargo el ferrocarril mauritano (como sus otros medios de transporte) la hospitalidad de los compañeros de viaje, no sólo conmigo, también entre ellos. Da igual quien traiga qué, cuando es la hora de comer todos exponen o comparten lo que llevan.
En cualquier AVE nuestro, mirarías con desconfianza al que entablara conversación contigo, pensarías al momento "¿Qué querrá éste?"; aquí sin embargo, al poco de comenzar la marcha están todos los viajeros de mi compartimento en charla animada. Desgraciadamente no se hassanía y no me puedo unir a ella, pero por lo menos durante un rato sé que trató de política y del extranjero que viaja con ellos, porque escuchaba que comentaron el titulo que figuraba en la portada de lo que leía y luego durante un rato escuchaba "Mauritan, saharaui, spania" mezclado en su conversación.
De los otros medios de transporte que he probado, decir que el más habitual ha pasado a ser el /taxi brush/ lo pongo fonético porque no se que origen tiene pero lo dicen así, es el taxi que se pilla entre varios (muchos varios) para ir entre ciudades.
Suelen ser mercedes de de hace 20 años en los que viajamos 4 personas atrás y tres delante, y bueno, para un rato no sería muy incómodo; el problema es cuando haces 6 horas o más, ya no sabes como ponerte para que no se te clave el codo del de al lado o para que te quepan las piernas. Con todo, acabas acostumbrándote. Si tienes suerte y el conductor tiene buen gusto, la música será variada (dentro de que es local), pero como des (y ya me ha pasado dos veces) con un tipo que sólo tiene una cinta o le gusta mucho esa, tienes 500 km de "autorreverse" constante.
De todos modos lo que más me ha gustado es viajar en pick-up.
Se supone que tienes dos tarifas, la cara (es un decir, aquí todo está tirado) que es la de viajar dentro del coche, y la barata que es la de viajar en la parte trasera (yo creo que debía ser al revés, yo siempre viajo en la parte trasera, es mucho más divertido ir dando botes entre la mercancía y con otra peña que no se pudo pagar la tarifa cara) .
Estos vehículos los pillas en las zonas donde no hay carretera (no siempre va la carretera donde a ti te gustaría) y hacen que vayas dejando una estela como si estuvieses ardiendo. La sensación de libertad es total, creo que seguramente mayor incluso que el que va conduciendo porque el tiene que estar pendiente de la pista, pero tu sólo de mirar el paisaje.
Durante 2 horas que duró el viaje a Chinguetti pude disfrutar del viento en la cara y del paisaje (espectacular) de las montañas pedregosas a las que trepa el vehículo y en las que no hay una brizna de vida.
Ya en la meseta sí hay algo: plantas; la pista rojiza hace que nuestra estela difumine a críos o pastores que saludan con la mano cuando pasas. Sólo en la distancia, cuando ya se ha disipado los ves como puntos pequeñitos.
Se puede viajar mejor, sí, pero entonces no es viajar.
Iba a enrollarme más en la primera parte con datos históricos y económicos, pero me da la impresión de que todo estoy que estoy viviendo en primera persona y que me entra por los poros igual os resulta un poco distante y marciano así que he resumido para no abrasar.

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