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4 de junio de 2008


Diario de montaña, 01-06-08: La Najarra

Me levanté como tantos otros domingos: con la cabeza abotargada de haberme pasado el día anterior... De haberme pasado un montón de horas delante del ordenador; la sensación es la misma que cuando te has pasado con el alcohol. El tiempo era el mismo que el de todo el mes: nublado. Llevaba cinco semanas sin salir al monte. Ponía como excusa la lluvia, o el trabajo que tenía que hacer (luego aunque me quedara en casa no lo hacía)... Pero tenía que salir o mi salud mental podría verse perjudicada... Sí, más de lo que ya está.

Así que desayuné, preparé la mochila y me tiré al monte. Bueno, antes que nada siempre se toma un café. Llegué a Miraflores con un tiempo que no auguraba una buena jornada. En mallas y con una camiseta abanderado de manga larga (semejante, pues, a un híbrido entre ciclista moderno y obrero de los años 20) me bajé de la furgoneta (estaba chispeando) y entré en la cafetería, la que está bajo el hostal de las cadenas colgantes. La gente me miraba como a un bicho raro, lo cual, al cabo de 25 años (tiempo que hace que despertó mi conciencia) ha dejado de sorprenderme. Al principio, cuando eres adolescente y te vistes para que te miren de esa forma, lograrlo es todo un signo de distinción. Cuando al cabo de los años intentas pasar desapercibido sin lograrlo la más tenue de las sensaciones es el estupor, ya que no entiendes cuál es tu diferencia: ¿soy calvo? ¿mi pantalón no deja asomar la raja del culo? ¿llevo una camisa de cuadros por dentro del pantalón? ¿llevo chupa de cuero? ... ¿o son todas esas diferencias juntas?

Me visto de traje para ir a las entrevistas de trabajo y entonces no hace falta que nadie me mire porque ya me basto yo mismo para sentirme extraño: ¿iré bien vestido? ¿la corbata lleva la altura adecuada para que no caiga dentro del urinario? ¿el corte de mi chaqueta es moderno? ¿se me ha vuelto a descolocar la hombrera derecha y parezco Cuasimodo? Afortunadamente durante este mes y medio que he estado trabajando sólo los primeros días he ido de este guisa, después, viendo el percal, he vuelto a vestir de sport, que dicen los modistos.

De todos modos, era normal que mi mirasen yendo en mallas y con la camiseta. Me tomé el café, pasé al baño y me reencontré con mi viejo amigo, el cartel de cartón. Vedlo:
Ah, esta gente tan imaginativa. Subí a la furgoneta de nuevo y enfilé camino de la Morcuera. La carretera, como cualquier otro domingo, llueva o haga sol, apriete el calor o haga frío, estaba plagada de ciclistas a los cuales iba adelantando con gran precaución. Ya cerca del puerto volví a ver a otro viejo amigo: el coche despeñado desde la carretera que, roñoso y oxidado por el paso del tiempo, debieron dejar ahí para aviso de conductores.

Sólo dos vehículos había aparcados en el puerto; el viento soplaba fuerte y arrastraba una fina llovizna; la temperatura era lo suficientemente baja como para que se me durmieran los dedos de las manos, así que me puse los guantes de invierno. Supongo que algo no funciona bien en mi circulación sanguínea, pero bueno, mientras que no se me empiece a helar la cabeza... Cada vez que me pasa esto me vienen a la cabeza las imágenes de Ollarzábal y Pasapán con sus dedos apuntados; esta vez, sin embargo, el proceso de asociaciones fue más allá, y me trajo a la cabeza a Iñaki Ochoa de Olza, muerto hace quince días en el Annapurna.

Me pertreché con todos los
innecesarios aparejos de que al cabo de los años me han ido dotando mis amiguetes y familiares: gafas de sol ultra-fashion, mapa topográfico, bastones de fibra de carbono y mango de corcho (que absorbe el sudor), GPS... Por cierto, no tengo funda para el mismo, fue todo un triunfo lograr acoplarlo en la cincha de la mochila, así que si alguien se quiere tirar el rollo... En fin, mucha tecnología para luego dar un traspiés y sacarte un hombro, clavarte la cantimplora de Clint Eastwood en las costillas o matarte contra una piedra de treinta centímetro cúbicos acabada, eso sí, en pico. Tras ello me puse la capa de agua que me agencié el verano pasado en Ponferrada, mientras hacía el Camino y eché a andar. Lo malo de las capas de agua es que te mojas igual, ya que empiezas a sudar y... por no hablar de la verdad aquella de "es más difícil que mear con capa", y es que cuando sopla el viento la susodicha no se libra del chorrillo.

Las nubes cubrían la cima de la Najarra, así que opté por seguir el camino que lleva por la ladera hasta la Cuerda Larga. Al cabo de 10 minutos ya me dolía el tendón de Aquiles derecho... Yo y mis achaques. Milagrosamente desapareció el dolor al cabo del rato.

Después de mes y pico sin subir al monte los olores y sonidos del campo te arrancan uns lágrimas de felicidad por un lado y de reproche por otro: "¿por qué habré sido tan gilipollas de no haber venido en todo este tiempo?". Respirar el olor de la tierra húmeda y escuchar cantar a los pájaros con el valle del Lozoya y Peñalara a la vista, el cielo cubierto de nubes y ni un alma por los alrededores, es una sensación que contrasta demasiado con los apelotonamientos en el metro todas las mañanas, con las colas de gente saliendo por las escaleras mecánicas, semejantes a las salchichas saliendo de la máquina embutidora (clásica imagen de Kooyanisqatsi)... Pensamos que hemos avanzado mucho desde el siglo XIX, pero en un centro empresarial los aprietateclas (chupatintas en tiempos pasados) de la sociedad de servicios en que nos hemos convertido entran y salen en masa sin necesidad del ruido de sirenas; nos hemos librado de accidentes laborales causados por martillos, sierras o soldaduras, para ser sustituidos por hernias discales provocadas por malas posturas frente al ordenador, vista cansada por permanecer frente al mismo mucho tiempo o estrés y depresión por no poder coger del cuello a nuestro jefe, o a ese cliente quisquilloso, y sublimar nuestra tensión en una ordalía sangrienta... Acabando en la cárcel, por supuesto, que el crimen hay que pagarlo, como diría Dostoievski... O los mismísimos Banzai, con Salvador tocando la guitarra.

Ehhhhhh, sí, estábamos en la montaña, ¿no? Plácida y solitariamente caminando... ¿"plácida"? No. La digresión anterior no es sino el traslado de una pequeña muestra de los pensamientos que se me van ocurriendo mientras camino. Es difícil lograr un momento de paz espiritual. Únicamente cuando logro reparar en alguna peculiaridad del campo, por lo demás literariamente muy manida, como lo de los olores, colores, formas y sonidos, durante un pequeño lapso de tiempo me embarga un sentimiento de felicidad que a veces logro retener durante unos minutillos. Después los pensamientos rutinarios vuelven a la carga: el trabajo, el amor, la falta de alguno... Así hasta que el cuerpo despierta. Despierta y dice: "otra vez me estás machacando, ¿no? Muy bien, pues adelante"; eso suele suceder en las subidas con mucha pendiente. O también puede ocurrir que camines por un lugar difícil, rocas, matorrales, entonces te sube la adrenalina, tus sentidos se agudizan y dejas de pensar en gilipolleces del mundo civilizado para regresar evolutivamente a la vida de las cavernas, a ser uno con la naturaleza, en lucha con la naturaleza, ya que la "armonía" con la misma es también un invento civilizado.

Llegué a la Cuerda Larga y al asomarme a la Hoya de San Blas una cabra salvaje me saludó con el típico chillido que avisa a sus compañeras del peligro. Las crías se encontraban unos metros más abajo. Me entretuve un rato mirando hacia Madrid, envuelta en la bruma, mirando las formaciones rocosas de la Pedriza, mirando las nubes que seguían envolviendo el pico. La cabra se confió y volvió a su punto de partida, una roca de la que arrancaba los líquenes. De cuando en cuando sus ojos amarillos se enfrentaban a mis anaranjadas gafas, a mis ojos de mosca, y un escalofrío me recorría la espalda. Es natural que los antiguos asociaran al Diablo con las cabras.

Me marché de allí soltando una carcajada al acordarme de Gigatrón: "yo soy el Macho Cabríiiiiio, soy mucho más macho y más cabrón que tú..."

Decidí bajar hacia la Hoya, recorriendo el camino inverso en el que hace tres meses me fisuré la costilla. Paré a comerme un trozo del ladrillo de chocolate que mi hermano suele traer de Asturias (es que mira que son bestias las gentes del Norte) y a echar una foto con mi nuevo "Nokia 6124 Classic, exclusivo para clientes Vodafone". Este fue el resultado:

Dos setitas encima de una de las de Abelardo. Bucólico, ¿no? La siguiente fue tomada casi al final de la jornada, pero la pongo aquí por semejanza temática: son las casitas de los gnomos basureros.
¡Ah, la escatología!

Continué andando y al poco rato llegué a este maravilloso manantial del que brota el agua con un chorro del calibre de un brazo (aunque en la foto no se aprecia):
El sendero descendía por la ladera haciendo zig-zag, hasta que en una de las curvas el ansia de aventura pudo conmigo y abandoné el camino. En realidad lo que hice fue coger un pequeño sendero que salía desde allí y que como cualquier otro pequeño sendero, en estos tiempos que corren posteriores al abandono rural, termina muriendo, o más bien ocultándose entre la maleza, cien metros más allá.

El abandono rural, sí. Es lo que ha convertido nuestras montañas en sitios solitarios donde ya no puedes charlar con ningún paisano, donde los senderos mueren por abandono, porque ya nadie pasa por ellos, salvo algún osado excursionista. La vida rural, tan bucólica vista desde nuestra perspectiva; tan dura y sacrificada en la realidad. Hace unas semanas veía un documental sobre Marinaleda, un pueblo sevillano, el más avanzado en política social de izquierdas (autoconstrucción de viviendas, ocupación de tierras, explotación comunal de las mismas, cooperativismo...), en el cual una de sus habitantes, cooperativista en la fábrica de envasados agrícolas, reflexionaba de la siguiente manera: "siendo nosotros la base de la vida, los productores de alimentos para los seres humanos, ¿por qué estamos tan abandonados? ¿por qué no se nos trata mejor?" Y es que trabajas un año cuidando el campo para que luego llegue un pedrisco y te estropee la cosecha, como acaba de ocurrir con las cerezas del Jerte (así que este año, a precio de oro). Así pues, ¿tenemos algo que reprochar a aquellos que abandonan el campo? Quizá sí, leeros "La lluvia amarilla", de Julio Llamazares.

Abandoné el camino, se terminó el sendero, caminé entre las hierbas, cuyas puntas penetraban el tejido de las mallas, hierbas que ocultaban rocas y hoyos con los que tropezaba. Llegué a un canchal, un río de piedras, una autopista comparado con la zona herbácea, y volvieron las hierbas. Entre medias me encontré con este inmenso acebo:
Es una lástima que no fuera nadie conmigo, al menos para que tuvierais una referencia de su tamaño. Por cierto, ¿veis las flores de las retamas? ¿las flores amarillas? Antes os he hablado de los colores del monte, pues imaginaos todas las laderas cubiertas de un manto amarillo. Además, resulta curioso (aunque científicamente explicable) que hayan florecido hasta una determinada altura, viendo cómo se recorta el manto con una línea horizontal. Curiosos, los piornos, ¿no? Mi hermano que es biólogo y sabe de estas cosas, dice que bajo ellos existe un microclima de cuatro grados por encima de la temperatura ambiente, así que ya sabéis si os quedáis un día tirados en el monte: bajo los piornos, cual ratillas.

Subí una loma y la vi. Vi una cascada y me dirigí hacia ella. A ratos parecía que seguía un sendero y, efectivamente, viendo el trazado del GPS sobre el mapa (ya en casa), iba siguiendo, aunque a ciegas, el sendero. No es fácil, pues, llegar hasta aquí:
La cascada tendrá unos tres metros de alto y acaba en una pequeña poza, ideal para el verano; el problema es que para entonces no sé el agua que podrá llevar. Para cruzar al otro lado del arroyo hay que hacer un poco el mono: agarrarse a una rama, estirar mucho las piernas, agarrarse a otra y tirar con fuerza, sin mirar abajo, donde te espera otra poza quizá no muy profunda. Y al otro lado se encuentra el comedor del lugar, entre las sombras de los pinos. Allí desplegué el mantel y las viandas del picnic (empanada, queso, nísperos...) y comí plácidamente escuchando el ruido ensordecedor del agua, una delicia comparado con el del tráfico madrileño. No hubo siesta, el tiempo no estaba muy apacible y ya serían las cuatro de la tarde.

Eché a andar otra vez, ahora sí, a este lado del arroyo, por un camino en toda regla, un bonito y horizontal camino por el que pasear tranquilamente, desde el que observar vistas como ésta de la Pedriza:

Y vistas no tan bonitas, pero no menos impresionantes: las cuatro torres de Pza. Castilla, símbolo falocrático del poder económico, bancos y constructoras. Atrás quedó la industria, más atrás la Iglesia, instituciones que un día tuvieron el poder en sus manos y levantaron monumentales edificios para dejar bien claro quién manda, para impresionar, para hacer ver que estaban más cerca de Dios... Siguen mandando, por supuesto, pero en la sombra. Y ya no sabemos qué es lo peor.

Miré entonces hacia lo alto, llevado por estos excelsos pensamientos, y vi despejado el pico de La Najarra. Decidí atacarlo. Y tras unas breves dudas consultando mapa y GPS, los cuales parecían contradecirse o, peor aún, contradecir mi sentido de la orientación, los guardé maldiciendo y "con rabia entre los dientes" y a golpe de bastón me puse a subir en línea recta, nada de sendero zigzagueante que, por lo demás, se perdía cada dos por tres. Y llegué al pico. Y besé el hito del Instituto Geográfico Nacional. Y burlé a las nubes. Y bajé casi corriendo de lo contento que estaba. Había recorrido 15 km.

Una vez en el coche llamé a mi amiga Azucena, que vive en Manzanares y me invitó a una sopa de Tetrabrik, a unas almendras, a reinstalarle el antivirus y a que leyera una crítica que había hecho a la película "Conversaciones con mi jardinero", en la que trabaja Daniel Auteil (el de "La chica del puente"). Aquí está el enlace al texto y más abajo la ruta que hice por GPS:
http://www.letraviva.es/diario/wp-trackback.php?p=48

Salud.


31 de mayo de 2008


Imágenes filosóficas



Elija la opción que crea verdadera, sirvase una bebida espirituosa y razone su elección:

a) Lugares chic donde podrás dialogar abiertamente con tus compañeros

b) El superhombre está cerca

c) Homo homini lupus est

d) Yo solo sé que no sé nada

e) Se buscan camarer@s (imprescindible: licenciad@ en filosofía)

13 de mayo de 2008


"La chica del puente" (caracteres de la posmodernidad)

La Fille sur le pont. Francia, 1999, 90'

Dirección: Patrice Leconte. Guión: Serge Frydman. Fotografía: Jean-Marie Dreujou
Protagonistas: Vanessa Paradis, Daniel Auteuil...

__________________________________

(por RossaNova, Ohflores y Anuskíviris)

Adele (Paradis) es la chica del puente, la chica que se quiere tirar desde un puente de París pues considera que su vida es un sinsentido y una “espiral atrapamoscas que atrae las historias cutres que pasan a su lado”; es un sinsentido porque no logra encontrar el amor ideal y en esa búsqueda lo único que hace es atrapar moscas. Gabor (Auteuil) es un lanzador de cuchillos que (aparentemente) busca sus dianas entre las mujeres suicidas.

Adele acaba por tirarse desde el puente y Gabor se lanza tras ella, logra rescatarla y acaban los dos en el hospital recuperándose de la hipotermia. Antes de escaparse del hospital Gabor tienta a la suerte para convencer a Adele de que ella no solo no tiene mala suerte, sino que es un talismán de la buena: ven una mosca en el techo, sacan tres terrones de azúcar y apuestan a que la mosca acudirá a ellos; por supuesto ganan.

A partir de aquí comienza un periplo por el Mediterráneo en el cual Gabor lanza cuchillos a Adele y ésta se cepilla a todo aquél que le lanza una sonrisa, a pesar de que es Gabor su verdadero amor, un amor todavía no reconocido pero vislumbrado en la pasión con que recibe sus cuchillos (metáfora del acto sexual) y en las surrealistas conversaciones telepáticas que mantienen a distancia. Adele se fuga con un griego abandonando a Gabor. Éste llega a Estambul y, desesperado por haber perdido a Adele, decide suicidarse desde otro puente. Afortunadamente Adele ha recapacitado, le busca por toda Constantinopla y le encuentra en el mismo punto en que él la encontró a ella. Esta vez no caen al agua sino en un profundo abrazo. Fin.

La suerte

Toda la película es un tratado acerca de la “suerte”. En primer lugar lo que salta a la vista es la popular relación entre la suerte y el amor: “afortunado en el juego, desgraciado en amores” (o viceversa). Las veces que Adele gana en los juegos de azar (tragaperras, ruleta, tómbola...) no son meras anécdotas que endulzan la historia y que muestran la comunión de almas entre los dos protagonistas, pues lo importante, sin embargo es lo desgraciados que son en el amor.

Gabor se contradice en múltiples ocasiones para manipular a Adele: unas veces le dice que es un talismán, una herradura... Y otras le dice que la suerte no se tiene, sino que se fabrica. Esta es la verdadera tesis que sobre la suerte sostiene Gabor, un tipo que lo controla todo (o pretende controlarlo): es lógico que la mosca acuda al azúcar, es lógico que tras 40 años lanzando cuchillos estos den en el blanco, Gabor engaña a Adele con el típico juego de “en qué mano está la joya” (tenía una en cada mano)...

Amor y guerra

Sin embargo, esta película es interesante desde el punto de vista simbólico. Frydman y Leconte nos presentan a dos personajes que encarnan o simbolizan el “eterno femenino” y el “eterno masculino”, el amor y la guerra, de modo que están condenados a no entenderse. Adele siempre buscando amor entre los brazos de desconocidos, buscando un lugar donde descansar, donde “reposar la cabeza”, lejos de la vida errante que ha llevado desde que se escapó de su casa en la adolescencia y, sobre todo, lejos de la vida errante que le ofrece Gabor. Adele ama a Gabor, le atrae su seguridad, su firmeza, su “masculinidad”, pero éste parece resistirse a sus encantos, parece de piedra, sin sonrisas, sin abrazos, irónico y sarcástico. El nomadismo que teme Adele no es el físico o geográfico, sino el del alma, el que siempre ha llevado.

Por su parte Gabor, con sus cuchillos, representa al guerrero, siempre errante en busca de aventuras, experto y seguro de sí mismo... Mientras se mantenga solitario, mientras su corazón no se ablande con los besos de una mujer.

El rechazo de Gabor por parte de Adele simboliza el clásico rechazo al guerrero, la búsqueda de la seguridad del hogar de la mujer. El rechazo a Adele por parte de Gabor también es todo un clásico: la falta de implicación sentimental del héroe que teme dañar a sus seres amados con su halo de violencia, que teme que la guerra les alcance. En realidad lo que Gabor teme es dañar a Adele con sus cuchillos. Teme que su posible implicación sentimental pueda influir negativamente en sus facultades lanzadoras y haya un accidente. Lo que no sabe es que ya está implicado desde el principio y desde el principio sólo ha habido rasguños. Ese temor fue el que le llevó a abandonar a una de las vedettes del circo. Gabor se teme a sí mismo, no está completamente seguro de sí... ¿alguno lo estamos? Sabe que no controla todos los parámetros de la fórmula.

Ambos buscan la seguridad... La seguridad de un mundo periclitado, un mundo que quizá sólo ha existido en las cabezas de la gente, en las ideas de los libros, un mundo que sólo se venía abajo tras los desastres y accidentes.

Pero Frydman y Leconte han transcendido ese mundo, saben dónde están: en la sociedad del riesgo, como diría Ulrich Beck, una sociedad representada por los juegos de azar, por todas las referencias a la suerte, una sociedad en la que la suerte está más presente de lo que pensamos. Frydman y Leconte son ya posmodernos, representan y asumen más características de esta sociedad, especialmente la movilidad geográfica (asociada a la flexibilidad laboral) y la movilidad sentimental: ya no hay un lugar fijo para trabajar, no hay un hombre fijo a quien amar... Es la suerte la que lo rije todo.

Y el final feliz de la película llega a raíz de la asunción por parte de los personajes de esta característica ontológica, de la suerte: Gabor asumirá (pues no se ve, la película acaba con Adele rescatándole del puente) su falta de control extremo y se abandonará al amor que le brinda ella. Ella aceptará una vida nómada, una vida de peligros pero en la que, al menos, su corazón puede descansar. Al final, pues, llegan a entenderse: el hombre relaja su “instinto guerrero” (su control) y acepta el amor y, de igual modo, la mujer acepta penetrar en los terrenos de la guerra; vale que de un modo pasivo, “recibiendo” cuchillos, pero hay que tener en cuenta que es ella la que le rescata del puente, es ella finalmente la heroína.

La sociedad posmoderna, entonces, queda representada no sólo por la suerte, sino también por la superación de los roles masculino y femenino en el imaginario colectivo y en la realidad: el hombre ya no es SOLO un tipo duro, con barba y pelo en el pecho, sino una persona que TAMBIÉN sufre, llora, se depila y se maquilla. La mujer ya no es SOLO alguien débil, llorosa y enzarzada continuamente en las tareas de la casa y del amor, sino TAMBIÉN una persona fuerte, segura de sí, luchadora y controladora, depredadora en algunos casos (en el amor y en los negocios, trasunto de la guerra, por supuesto). La superación de los roles no se realiza por fusión en una unidad superior, ni por absorción de uno en otro, sino por descomposición y mezcla de ambos en diferentes proporciones para cada persona.

La fotografía y la música de la película, inmejorables.


24 de abril de 2008


Joaquín, los Screamin' Witch Doctors y mis entrevistas de trabajo

Ayer me encontré con un compañero de colegio y de instituto, estuvimos charlando bastante tiempo, fuimos de compra juntos: unas gotas y pan de centeno del herbolario, un libro (el mismo) para cada uno... "El juego del ángel", de Ruiz Zafón... Y un poco de silicona blanca para la pared.

No sé qué me pasa últimamente que cada vez que salgo de una entrevista de trabajo me da por irme de compras. Debe ser para calmar la ansiedad... O debe ser que se está despertando dentro de mí la bestia consumista que todos llevamos dentro, aunque muchos la dejen campar a sus anchas. Bueno, en mi descargo he de decir que el libro es para un regalo y el pan es necesario.

A lo que iba: que estuvimos hablando bastante rato sobre el trabajo y los proyectos vitales de cada uno. Pues bien, uno de los proyectos de Joaquín, durante varios años ha sido este grupo que estáis oyendo... ¿Que no lo oís? Pues enchufad los altavoces, almas de cántaro. Son los "Screamin' Witch Doctors" y él es el batería.

Ahora sigue tocando de vez en cuando con "los limones ciegos", un grupo de blues que podéis escuchar en http://www.myspace.com/theblindlemons. Además es un orientalista y un viajero empedernido (aquí tenéis su diario y fotos de China y Vietnam: http://caminovietnam2007.blogspot.com/), a parte de un informático quemao...

De mayor quiero ser como él.

Por lo menos ya estoy en camino: haciendo cursos y entrevistas de trabajo para el sector informático. Ah, pero los muy cerdos no se toman a bien eso de que uno tenga un curriculum variado, conocimientos diversificados, alma polifacética, no... Para ellos estás un poco disperso, has ido dando tumbos o "no te gusta la informática"... ¿Cómo que no? ¿Se refiere a aquella? ¿la que está sentada al fondo? Está bastante buena, con esas gafapastas, preséntemela.

--No es la informática, es la directora general, que está controlando a su hija por web cam. Queda usted despedido.

--Pero si no han llegado a contratarme.

--Por si acaso.

Así que de ahora en adelante mandaré a las empresas la siguiente carta de presentación:

Estimados Sres:

Adjunto a esta carta les remito mi curriculum vitae. En él pueden observar que mi trayectoria académica y laboral es muy variada, algunos dirían que errática; sin embargo, desde una óptica más positiva habría que decir que se trata de una formación integral o, cuanto menos, polifacética. Y es precisamente atendiendo a esta característica, que supone una gran capacidad de aprendizaje y adaptación, por lo cual me desenvuelvo perfectamente en entornos laborales en los cuales haya que desemplear tareas de índole muy variada, desde el minucioso trabajo con ordenadores al trato con las personas, pasando por la realización de estudios y la organización de eventos.

Así pues, quedo a su disposición por si tuvieran alguna plaza vacante en un puesto de tales características. Absténganse de proponerme trabajos tediosos, repetitivos y mal pagados.

"...Maneras de vivir!!!"

Va por ti, Joaquín.

21 de abril de 2008


Apología de la piratería

ESTO lo escribió un currante indignado:


Dada la mierda que nos escupe diariamente la tele, radio, prensa y demás medios de comunicación, un grupo de disidentes ha elaborado este manifiesto a favor (sí, A FAVOR) de la piratería. Si te mola, pásalo.

Si prefieres creerte las mentiras de la industria, haz con él lo que te salga del arco del triunfo.

De: El currante medio, aplastado por la hipoteca, la precariedad laboral, los horarios DE MIERDA y otros abusos sociales, como la caña de cerveza a 2 putos Euros.

A: Ese músico mediático que se duele detrás de unas gafas de sol en la Moncloa, forrado de pasta hasta los pendientes. Tiene cojones ir de rebelde por la vida y terminar en las escaleras del centro del Estado (por si no captáis las sutilezas, el ejemplo se refiere a Alejandro Sanz, aunque es extensible a todos los membrillos/impresentables que le acompañaban).

Mira, chavalote, en la gira que te vas a marcar este verano vas a ganar más pasta -haciendo algo que te gusta y que en teoría te llena- de lo que ganaré yo en toda mi puta vida de currito, cargando, además, con una actividad que no me aporta nada personalmente y con la que, si no fuera por el sueldo adicional de mi pareja, ni siquiera me daría para pagar el piso donde vivo.

'La música está muy mal' -gimes. Tú, chavalote, no sabes lo que es estar mal. ¿Qué sabes tú de hipotecas, de rebotar de un contrato a otro, de currar a turnos o de 7 a 7? ¿Qué sabes tú de llegar a fin de mes, o de lo que me cuesta a mí plantearme tener hijos con lo que piden en una guardería?

Porque te recuerdo que aquí, en el mundo real, curramos dos para pagarnos 70 metros cuadrados .

'La gente que compra en el top manta no ama la música' -escupe otro.

¿Con qué validez moral exigís vosotros, que vivís a todo trapo de camino entre Madrid y Miami, sin saber ni el dinero que tenéis, al currante que os pague los vicios y haga multimillonaria a la multinacional de turno ¿Cómo se puede tener la cara de plantarse en plan víctima sobre una vida de lujo?

La industria ha abusado -y abusa con los precios y las calidades.

Sólo ahora que se ve con el rabo en el culo ofrec e lo que no pueden dar los piratas: DVD's con vídeos, extras y demás. Todo, curiosamente, al mismo precio que antes. ¿No llorabais que no se podían bajar los precios?

Cómo vale ahora un álbum que lleva 12 canciones en el CD y 16 en un DVD (verídico) lo mismo que antes el mismo álbum con el CD a pelo? ¿Cómo puede valer un mismo álbum en España 18 euros y en Alemania 20 (contrastado) cuando los alemanes ganan más del doble que un español?

Ahora que las mafias e Internet os revientan, ahora, que ya no tenéis la sartén por el mango, pasáis de la posición dominante y abusiva a la
apelación más rastrera de sentimientos. Pues yo, y muchos como yo respondemos:
AHORA, QUE OS DEN POR CULO.

NADIE puede pedirme que le pague la colección de coches de lujo, el yate y las cuatro casonas en Miami, la Sierra o Marbella.

NADIE puede pedir moral desde la inmoralidad.

Ejemplo: Bustamante se acaba de comprar una casa de 500 kilos de las antiguas pesetas en solo CUATRO AÑOS DE CARRERA MUSICAL, claro ejemplo de lo mal que está el panorama musical.

Firma: Cualquier anónimo hasta los güevos de sandeces.

PD: Si alguien sabe el correo de Ramoncín, Miguel Rios, Victor Manuel o algun chiquilicuatre de estos, que haga el favor de pasárselo.

La del pirata cojo__

9 de abril de 2008


Apología del Chikilicuatre

Alguno de ustedes ha clamado contra el último héroe de nuestra podrida y descuartizada nación, el único que puede dar sentido a nuestra patria en una palestra donde se baten los paladines de nuestros eternos enemigos... Bueno, vale, es cierto que todavía queda el Getafe en una de esas competiciones futbolísticas, pero es que a mí no me gusta er furbo (y menos los domingos), ¿o no habéis visto que la única vez que he hablado de ello fue para meterme con Diego Armando Metadona?

Unida la Vieja Europa en torno al Euro, contra americanos, chinos y africanos, dejando en suspenso sus rencillas militares, que ya aflorarán algún día volviendo a arrasarlo todo, solo queda como vía de escape a los sentimientos nacionalistas las competiciones deportivas y las artísticas, entre ellas Eurovisión.

Eurovisión, que desde sus comienzos fue una auténtica bazofia sin el mínimo interés para todos los amantes de la buena música, exceptuando el "La, la, la", por supuesto, dio una sorpresa el año 2006 con el triunfo de los satánicos Lordi. Hace tanto frío en Finlandia que a sus habitantes les da por calentarse con las llamas del Averno. Os pongo un vídeo porque merece la pena recordarlos, después seguís leyendo.



Recordad que podéis utilizar la mula para bajaros más cosas de ellos, las cuales son bastante buenas.

Pues bien, como iba diciendo, el festival éste es un compendio de canciones y actuaciones ñoñas de entre las cuales, afortunadamente, escaparon los finlandeses. Y esto a nadie se le escapa. Y si la gente ve el festival es más bien por sentimientos nacionalistas o por ver las chichas de las nórdicas. Bueno, tampoco quisiera ser tan radical, probablemente haya por ahí alguna cosa valiosa, no digo que no, pero es como buscar agujas en un pajar, que solo te las encuentras en los refocilamientos, clavadas en tu culo... Al tema: la gente no es tonta, los espectadores no son tontos, aunque a veces (la mayoría) no lo demuestren, es decir, aunque lo parezcan.

Sin embargo, esta es una de esas pocas veces en que la inteligencia irónica colectiva emerge y se manifiesta cual si de un Carnaval gaditano se tratase: Eurovisión es una mierda, pues vamos a mandar al más friki. Yo que soy un ignorante en estos temas no sé qué organismo mandaba a los concursantes al evento, si la academia de la tele, la SGAE u otro parecido; lo que sí sé es que desde un tiempo a esta parte se fue poco a poco democratizando a través de las nuevas tecnologías. Hasta que hemos llegado a la situación actual, situación que pesará muy mucho a los organizadores del evento en España, pues no se trata de otra cosa sino de denunciar públicamente que estamos cansados de tanta porquería: ¿queréis mierda? pues tomad dos tazas.

En fin, que la cosa no se podía tomar en serio, y por eso el respetable ha elegido al Chikilicuatre.

Por lo que toca al sujeto en cuestión y la canción que interpreta es lo que en otro lugar he denominado un "aberractor" o actor aberrante (ver
http://rossanova.blogspot.com/2007/12/apologa-del-actor-aberrante-seguimos-en.html), esto es, alguien que de tan hortera que es, y con premeditación o sin ella, sabiéndolo o no, supone una sátira de aquello a lo que se dedica, en este caso una mordaz crítica al reggetón, ton, ton, y a todo lo que ese submundo conlleva, tan emparentado con el hip-hop, y la carne al descubierto.

¿Que la canción es mala? No seré yo quien la juzgue, se dice por ahí que fue compuesta por Pedro Guerra y la letra por Santiago Segura; pero al menos es divertida, una flor entre tanto cardo... ¿o al revés? Un cardo punzante entre tanta flor bobalicona. En fin, como dicen los propios Lordi en esa canción: "you will see the jokers soon'll be the new kings" (pronto verás que los bufones serán los nuevos reyes). Aquí os dejo el vídeo, ¿cómo no?


2 de abril de 2008


Concierto: Clan Lírica Salvaje en la Gruta

Sala GRUTA 77 (c/ Nicolas Morales, 9 esq. Cuclillo, Oporto)

Miércoles 2 de abril, 21:30 h. ENTRADA GRATIS


27 de diciembre de 2007


Apología del actor aberrante (seguimos en la zanja basuril)

En la zanja del recuerdo... Este texto fue escrito hace 4 años, cuando Santiago Segura estaba gordo, cuando la telebasura estaba en su punto álgido. Ahora no sé como está, porque no la veo, aunque antes tampoco la viese mucho. Creo, no obstante, que la diferencia está en que los que aparecen en los programas-basura son ahora gente de la calle que hablan y de los que se habla por haber participado en algún show o haberse liado con algún famoso. Por otra parte mi concepción acerca de los Gigatrón ha cambiado: siguen cantando mal, pero son buenos músicos... Si es que no hacen playback... Y tienen buenas letras. Ahí va:

Quisiera comenzar este escrito justificando el título, en especial el sintagma “actor aberrante”. Se podría escribir una apología de la aberración, y no del actor aberrante, es decir, del actor que lleva a cabo la aberración. Sin embargo, existen muchos tipos de aberración (aberración sexual, aberración física, aberración mental...) a las cuales no quiero referirme y mucho menos hacer una apología de ellas. Quiero hablar sobre las aberraciones existentes en ciertos tipos de espectáculos, especialmente musicales y televisivos, pero hablar sobre ellas del modo que quiero hacerlo es inseparable del tratamiento del actor. En este sentido, tampoco he querido hablar del “agente aberrante”, ya que el término “actor” nos remite específicamente al mundo del espectáculo y no a cualquier otro contexto en el que pueda darse una aberración.

En especial quiero referirme a sujetos del cariz de Manolo Cabezabolo, El Príncipe Gitano, El Chivi, los Gigatrón (lamentablemente desaparecidos), Raphael, etc., en el mundo de la música y a otros como Boris Izaguirre, Pocholo, Tamara o Yola Berrocal, en la casposa farándula televisiva, sujetos todos ellos por los que guardo un profundo respeto y una (ya no tan) secreta admiración. Todos ellos poseen cierta similitud, ciertas características comunes, aunque, como veremos, encontraremos diferencias entre los dos subgrupos de "aberractores", como los denominaremos de ahora en adelante. (Nota sobre la denominación: sentimos, no obstante, especial predilección por el término "aberroncho", mas en este contexto no podemos utilizarlo por dos razones; en primer lugar porque la acuñación de tal término pertenece a un querido amigo mío -vuestro también, para algunos-, Snorforld, al cual no hemos pedido permiso para su utilización -aunque no dudamos de que nos la habría dado-; en segundo lugar, porque tal término significa, más bien, "aberrante y rechoncho al mismo tiempo", calificación que viene al pelo para Santiago Segura, otro de nuestros héroes, y acaso para Pocholo, pero no para los otros; además aquí no nos vamos a referir en ningún momento a las características físicas, como ya hemos dicho).

Una característica común a todos ellos es que no pueden hacerlo peor: Manolo Cabezabolo no puede cantar peor, ni el Príncipe Gitano hablar peor inglés (yo sí), el Chivi no puede ser más cerdo, machista, misógino, etc., ni los Gigatrón más macarras, ni Raphael más... más... No tengo palabras para definir a Raphael. Si empleamos la figura lógica de la analogía de atribución, Raphael sería el primer analogado de donde todos los demás adquirirían su esencia... Sí: ¡¡¡ HORTERA !!! esa es la definición suprema para todos estos sujetos: Raphael es hortera a más no poder, es la encarnación de lo hortera sin aditamentos, los demás ya poseen sus especificidades (punk, guarro, tonta...), pero Raphael es lo hortera en estado puro (le amo), ¿quién si no podría hacer tal versión de los Héroes del Silencio? ¿Ese plante, esa sonrisa, esos movimientos? Pues bien, en su género todos estos aberractores encarnan la horteridad en su grado sumo, pero nadie, repetimos, NADIE, como Raphael; todos juntos no le llegarían a la suela de sus mocasines, monaguillos es lo que son a su lado.

¿Quién, de Crónicas Marcianas, puede ser más hortera que Boris Izaguirre vestido de fémina falangista y subido en la mesa del plató? ¿Quién puede ser más hortera que Tamara representando el cuento de la lechera? (se me caían las lágrimas) ¿Y quién más que Yola Berrocal haciendo de ángel de Charlie, o de sí misma en cualquier otro programa? (es tan hortera y silicónica que me empalmo cuando la veo) ¿Y Pocholo? La verdad es que sobre todos estos sujetos puedo hablar más bien poco, ya que no suelo ver mucho la tele, y menos para dedicarlo a toda esa mierda. Pero lo que no puedo negar es que alguna que otra vez haciendo zapping me he detenido en ellos, y me he entusiasmado (por si no lo sabíais, entusiasmado etimológicamente significa "llevado por los dioses"). Y quizá les tenga endiosados, precisamente, porque les veo poco, casi nada. No lo sé, quizá la gente que pulula a su alrededor tampoco les llegue a las suelas y emponzoñe su imagen, su esencia, de manera que no podamos bañarnos en su brillo, porque los aberractores brillan como las estrellas.

Así que, ya sabéis, la primera característica es que son horteras. Según el diccionario de la Real Academia, hortera, en su tercera acepción significa "vulgar, de mal gusto". Sin embargo, los aberractores lo son tanto, tan vulgares y de tan mal gusto, que transcienden esas categorías, esos conceptos, esas definiciones y se elevan a lo supremo; de tan malos que son, son GENIALES. Y punto.

Yo no sé si ellos serán conscientes de su genialidad, no sé si querrán hacer las cosas mejor, probablemente sí, porque de lo contrario no lograrían hacerlo tan mal, ser tan horteras. No obstante, podría darse el caso, y esta es mi tesis, de que deliberadamente lo hacen así, que lo hacen mal, que son horteras a posta, con lo cual resultan doblemente geniales, ya que saben lo que hacen y lo hacen bien. El argumento resulta bastante retorcido, tanto que ni yo mismo logro enderezarlo.

Ahora bien, si complejo era el argumento anterior, este lo es todavía más, atentos: ya que una tercera característica de estos aberractores es que representan la IRONÍA en estado puro, la BURLA y la SÁTIRA de los géneros que representan: Gigatrón son una burla contra el heavy-metal (en el mundillo ése levantaron ampollas), el Cabezabolo lo es del punk, el Chivi es la sátira del porno, el Príncipe lo es del flamenco; esto por lo que toca a la música, mas por lo que toca a la tele los aberractores son la ironía y la sátira de la sociedad entera, de su corrupción e iniquidad, y lo son, precisamente, porque ellos mismos son inicuos y corruptos, de manera que su presencia en la televisión representa el estado del mundo, y no por una suerte de representación fractal o porque la tele sea un Aleph (representación metafórica), que también, sino porque todo el mundo los ve, todo el mundo los aclama o los denosta y este público no se da cuenta de que sin el público no serían nadie (representación metonímica). Pero es que el público no puede darse cuenta de nada porque es más tonto, muchísimo más, que los que salen en la tele, y no digamos que los aberractores. Si la gente se entretiene viendo esa mierda, es porque la gente misma es una mierda.

Y aquí viene entonces la diferencia entre los dos subgrupos de aberractores, diferencia sugerida por un compañero de facultad, ya que si bien el primer subgrupo, al que denominaremos "musical", resulta más o menos inocuo (que no inicuo), aunque ciertos oídos sensibles, sobre todo los de los más pequeños, pueden quedar irreparablemente dañados tras una exposición prolongada, el subgrupo "televisivo" es auténticamente dañino, pernicioso, ponzoñoso, puesto que realimentan el estado general del mundo: la vulgaridad, zafiedad, iniquidad, tontería... Y ellos lo saben, porque son más inteligentes que el resto de la gente, por lo tanto son, a parte de listos, malvados. Ahora bien, eso no obsta para que a ojos de un público inteligente, estos aberractores representen el estado general y señalen precisamente a su contrario, a su negación. Resultan ser, por ello mismo, seres con una imagen esquizoide, escindida: muestran el percal, pero lo hacen de tal manera, tan exagerados, que suponen su negación, la negación de este mundo podrido. Y el que no lo vea así es porque está muy mal, demasiado atontado. Si la telebasura existe es porque el mundo en sí es una basura (como ya dijera Gustavo Bueno), de lo contrario no se permitiría. Los aberractores telebasura existen gracias al público, mas si no existiera ese público estoy seguro de que gracias a su genialidad lograrían abrirse un hueco en algún otro espacio público. ¿De payasos? Evidentemente; lo que hacen son payasadas, además muy sutiles... Son los mejores.

¿Por qué, sin embargo, el mundillo intelectualoide no lo ve de este modo? Porque piensa que la burla, la sátira, la ironía, debe proceder a través de la ficción, a través de la película o del dibujo animado, como Los Simpson, South Park, Torrente, Austin Pawers o la primera edición de la serie "Matrimonio con hijos". Estos son ejemplos de aberraciones irónicas bastante explícitas y muy buenas, por cierto. Ahora bien, gracias a Vicente Verdú hemos descubierto, o hemos puesto en relación, la ficción con el Reality Show: la realidad como ficción. En la televisión todo es una ficción, sin arte, sin estética, una telebasura, pero aquellos que en ella desfasan logran negar, aunque sea a su pesar, todo el sistema. (Os recomiendo que leáis "El estilo del mundo. La vida en el capitalismo de ficción", de Vicente Verdú; tras su lectura deberéis proceder a su estudio).

Y nada más, espero que estas reflexiones os abran los ojos.




8 de junio de 2007


Control y dominio. Análisis de “Instinto”, con Anthony Hopkins

Efectivamente: esta película debería haberse titulado “control”, “dominio” o algo parecido a estos conceptos, pues es de lo que trata toda la película. No obstante, el título real tiene su justificación en la medida en que el instinto se considere como alternativa crítica (aunque no plausible) a un determinado tipo de control o dominio considerado perverso. Sin embargo la película va más allá y nos ofrece una completa panorámica del concepto de “control” en sus múltiples acepciones.

En términos cinematográficos, salvo la genial interpretación de Hopkins como típico psicópata (evocando El silencio de los corderos), son bastantes las críticas que tienden a calificar de mala a esta película, considerándola como un pastiche hecho a retazos de otros largometrajes (“Gorilas en la niebla”, “Alguien voló sobre el nido del cuco”...) sin llegar a la altura de estos. Pero bueno, ya sabéis que yo no soy un crítico cinematográfico: no me interesa la forma, sino el fondo, las ideas a las que se apunta... Y me van las películas malas.

Resumo la peli para aquellas y aquellos que no la hayan visto: Powell (Hopkins) es un primatólogo que estudia gorilas en África. Son tan buenos los animalitos que le aceptan en su grupo durante dos años (en los cuales, suponemos, no necesita nada que nos pueda ofrecer la civilización, ni cepillo de dientes, ni antibióticos, ni techo de paja; nada). Pero en esto que llegan los furtivos, que son los propios guardias del parque (para que veamos el nivel de corrupción africana) y matan a varios gorilas; él mata a varios guardias, mas los que quedan le pillan y le enchironan. Ahora bien, como ciudadano americano que es, su país pide la extradición, la conceden y le mandan para “casa”. La casa en cuestión no es otra que el pabellón de los locos en la típica cárcel chunga, y no es que no tuvieran sitio fuera de ese pabellón (aunque la cárcel estaba bastante petada), sino porque el hombre no ha abierto la boca desde que le pillaron. El segundo actor en discordia es el típico negro JASP y simpaticón, Cuba Gooding Jr., que encarna al ingenuo psicoterapeuta que intentará ayudarle y que al final será el ayudado a través de toda una exposición de motivos y una forma de vida. En fin, se trata de una sugerente fábula ecológico-libertaria que, sin embargo, puede hacernos perder de vista el motivo principal: el control, el dominio en sus diferentes facetas.

Estas facetas podríamos agruparlas en tres ejes, tal y como hacen algunos filósofos y antropolólogos: el eje de las relaciones sociales, el eje de las relaciones del hombre con la naturaleza (fuerzas productivas, que dirían los marxistas) y el eje de las relaciones del individuo consigo mismo (su mente, su cuerpo, sus emociones, proyectos...).

1.- El primer ejemplo... Lo que la película nos muestra son, sobre todo, ejemplos, aunque a veces intenta profundizar un poco en alguna de las concepciones sobre el dominio. El primer ejemplo, decía, de dominio lo tenemos en el momento del traslado de Hopkins desde la cárcel africana al cutre-aeropuerto para ser extraditado: le meten junto con dos fieros doberman (¿o debería decirse dobermen?), supuestamente para que se lo zampen o, al menos, para que llegue algo maltrecho. Habiéndole visto la cara al menda, con esa mirada fría y penetrante a lo Aníbal, lo que te esperas es que al abrirse la puerta aparezcan los pobres chuchos despedazados. Pues no; aparecen tan ricamente, tranquilitamente tumbados junto al tío y siendo acariciados por éste. Estamos, pues, ante un tipo de control sobre la naturaleza: el hombre que se enfrenta al instinto animal y lo domina, aunque no sepamos muy bien cómo. Este ejemplo podría no parecernos relevante, podría no dejar de ser una anécdota para que nos hagamos una idea sobre el carácter del protagonista (que no es tan fiero el hombre como nos lo pintan). Sin embargo, es relevante por lo que toca a la contraposición entre las ideas de dominio e instinto, ya que Hopkins no se enfrenta exclusivamente al instinto animal de los perros, sino al suyo propio (el uso de la fuerza frente a una agresión exterior). No obstante, esta perspectiva solo la tendríamos una vez avanzada la película, es decir, cuando podríamos suponer que el protagonista ha retrocedido en su humanidad al convivir con los gorilas durante tanto tiempo. Este tipo de control lo sería sobre el propio individuo, sobre uno mismo, aunque se trata, precisamente, de la parte animal, de la parte más natural del individuo. La idea de control, pues, se nos dibuja ya inicialmente como compleja.

2.- El segundo ejemplo es, si cabe, todavía más complejo. Se trata de la presentación del segundo protagonista, el psiquiatra. Aparece en una sesión de terapia junto a una mujer que sufre delirios. Estaríamos, entonces, por lo que toca a dicha mujer, ante una falta de control sobre su propia mente. Esta falta de control, lejos de presentarse como moralmente negativa, es fruto de una enfermedad. El primer paso terapéutico consistiría en que el paciente se haga cargo de su enfermedad, que reconozca la inadecuación entre lo que piensa y la realidad. Esto lo logra el psiquiatra mediante un ardid, dando muestras de dominio de una materia, la terapia, que no es sino un tipo de control social, un control sobre otras personas, si bien más sutil que alguno de los que veremos más adelante. El psiquiatra logra que la mujer se enfrente a la posibilidad de haber perdido la razón y ella se derrumba. En este punto podríamos o bien poner en duda el dominio de la terapia o bien poner en duda el realismo de la película, pues el siguiente paso terapéutico, aunque solo sea inicial (pues en la realidad llevaría varias sesiones) consistiría en modificar la perspectiva que el otro tiene acerca de la enfermedad mental, de modo que también pueda controlar sus emociones al respecto. No obstante, cabe otra posibilidad, la de que el director y guionistas nos quieran mostrar el carácter ambicioso del psiquiatra, capaz de pasar por encima de las emociones de los pacientes.

3.- Tras esta escena y ligada con el tema de la ambición viene una conversación entre el psiquiatra y su jefe-mentor en la universidad (Donald Sutherland) donde, en un cruce dialéctico, se muestran otros dos tipos de dominio, uno perteneciente al eje de las relaciones con uno mismo (el control sobre la propia vida) y otro al de las relaciones sociales (el control de las situaciones en las que participan terceros), pero íntimamente ligados, pues sólo cuando alguien está perfectamente convencido de sus ideas, de lo que quiere, cuando está convencido de sí mismo y posee una buena autoestima, puede llegar a convencer a otros, a dominarlos dialécticamente; si bien en la película al ser Sutherland el jefe, la victoria del psiquiatra queda enmarcada, y empañada, por la estructura meritocrática de la universidad. Es el jefe el que, en última instancia, tiene el control. La discusión entre ambos se debe, precisamente a si podía o no hacerse cargo del caso de Hopkins.

4.- Por lo que toca a los diversos tipos de control social, dominio sobre otros, que han aparecido y que seguirán apareciendo, la película nos permite comparar tres subtipos básicos: el dominio dialéctico, el dominio institucional y el dominio por la fuerza, cercano o paralelo al instinto. En la cárcel donde se encuentra Hopkins el alcaide es el que ejerce el control institucional: ocupa un lugar de mando dentro de una estructura y sus subalternos han de obedecerle; estos, sin embargo, han de ejercer un control más directo sobre los reclusos, razón por la cual se ven obligados a hacer uso de la fuerza. El problema está cuando ese ejercicio causa placer y no solo se usa, sino que se abusa: el caso del típico carcelero chungo (que, por supuesto, no podía faltar en esta película). La contraposición fundamental que se establece entre los tipos de dominio institucional y por la fuerza, de un lado, y el dominio dialéctico, por otro, es la de que aquellos vencen mientras que éste convence. Como vemos, son todos lugares comunes, pero el valor del largometraje consiste, precisamente, en su capacidad de ligarlos todos en una especie de ensayo filosófico (recordemos que el ejercicio de la filosofía consiste en distinguir cosas, conceptos, ideas, o aspectos de las mismas, para después compararlas con otras o nuevamente entre sí, para valorar lo positivo y lo negativo en ellas, etc.). De todos modos los autores de la película tampoco dejan de valorar cierto aspecto del uso de la fuerza (es el pragmatismo norteamericano): cuando sirve para controlar a alguien que hace uso de la misma. En la prisión los guardianes han ideado un juego para los reclusos con el que ellos (los guardianes) se divierten: echan a suertes quién saldrá al patio; la suerte es el As de diamantes; lo que ocurre es que hay un loco muy bestia que recorre el pabellón psiquiátrico buscando el As, de modo que siempre consigue salir él al patio; consigue controlar cierto aspecto de su (precaria) vida, regido por la suerte, a través de la violencia... Hasta que se topa con la horma de su zapato, que no es otro sino Hopkins, el cual ha aprendido a luchar como un simio de tanto vivir entre gorilas.

5.- Hasta cierto punto Hopkins también ha perdido el control de sí mismo, ha perdido su humanidad al convivir con los simios durante mucho tiempo: no habla y se comporta como ellos; se ha desecho de las capas de cultura y ha dejado aflorar su instinto. En general todo el pabellón psiquiátrico es una muestra de diversos tipos de pérdida del dominio sobre uno mismo, sobre su propia mente y sobre su propio cuerpo que, por lo demás, suelen ser indisociables (no hay mente sin cuerpo ni viceversa, y los problemas de uno tienen su reflejo en lo otro): unos se mean, otros se dan de cabezazos contra la pared, otros sufren alucinaciones, etc.; y el roba-ases no resulta ser sino un niño grande, un abusón, que llora como todos los niños cuando les pegan una paliza.

6.- Ahora bien, el juego del As no es una mera diversión para los guardianes, se trata también de un tipo de control social bastante sutil, pues la ira de los internos se focaliza en el abusón que les quita el As en vez de focalizarse en los guardias, es una desviación de la atención. Sería difícil incluir este caso entre los subtipos básicos de dominio social, aunque quedaría bastante cerca del control institucional, ya que, hasta cierto punto, el papel que desempeña el abusón respecto de los guardianes es el que desempeñan estos respecto del alcaide.

7.- El psiquiatra, seguro de sí mismo, con gran dominio de la práctica clínica psiquiátrica, como ya he dicho, atacándole por el flanco emocional, logra que Hopkins hable. Su meta es descubrir de dónde procede la violencia del interno, para lo cual ha de generar confianza, ha de escuchar lo que Hopkins quiera decirle, al menos al principio. Éste comienza a contarle toda su historia. A medida que le van reduciendo los medicamentos (drogas) Hopkins se vuelve más lúcido y comienza una lucha dialéctica con el psiquiatra, que quiere llevarle por unos derroteros, mientras que aquél quiere ir por otros. Es bastante significativa la conversación que el psiquiatra mantiene con su mentor (Sutherland): —“He logrado que hable, me está llevando a la selva”. —“¿Él te lleva a ti?”— le contesta Sutherland. Y de hecho el resto de la película consiste en una pérdida del control por parte del psiquiatra, ya que Hopkins es física, moral e intelectualmente más fuerte. Solo en un punto puede resultar, si no débil, al menos enfermizo: el control de las emociones, mas no por defecto, sino por exceso; es incapaz de mostrar afecto por su familia, por su hija, es incapaz de verter una lágrima... Y esto quizá no sea un problema del personaje, sino del actor, pues en la película tampoco quedaría mal cierto derrumbe momentáneo de Hopkins, cierta pérdida de control, para hacerlo más humano, pues al fin y al cabo la moraleja de la historia no es otra que la de hacernos conscientes de las dominaciones que ejercemos y, si fuera posible, relajarlas un poco e, incluso, renunciar a ellas. —“Estás perdiendo el control”— le dice Sutherland en otra de las ocasiones. —“¿Eso no estaría bien?”— le contesta el psiquiatra.

8.- Paralela a esta renuncia sobre el control social está la renuncia al dominio sobre la naturaleza, la crítica al carácter depredador del ser humano en su fase civilizatoria. Al parecer su tiempo de convivencia con los gorilas le enseñó que estos no dominan unos a otros (desde luego no pienso entrar en un debate sobre si esto es así o no) y no destruyen su medio entorno, viven en armonía con el resto de la selva. El psiquiatra le pregunta si la solución está en volver a las cavernas, pero Hopkins, nada ingenuo, le contesta que “solo debemos renunciar a la dominación. ¿Tan valioso resulta en control?”. Esta es una propuesta y una pregunta que no se contestan, se lanzan para que la recoja el espectador y reflexione sobre ellas: ¿Qué supone renunciar a la dominación en la época del desarrollo industrial? Desde luego mucho más que el hecho de dejar ciertas reservas naturales para que vivan los animalitos en libertad. La presentación de los tipos de control social a lo largo de la película debe llevarnos a conjugar la renuncia al dominio sobre ciertas partes de la naturaleza con la renuncia al dominio sobre otras poblaciones, sobre otros sectores de la población. Pero hay más: entre los distintos tipos de control sobre uno mismo está el control (positivo) de la ambición (la comparación entre el psiquiatra y su mentor). Si no controlamos nuestra propia ambición no podremos renunciar al dominio sobre otros ni al dominio sobre la naturaleza.

9.- Es por esto que la película también consiste en una llamada hacia la libertad. Constantemente se contraponen planos de la celda con planos de la selva. También hay ciertas reflexiones, o más bien apuntes de reflexión, acerca de la misma; al fin y al cabo si estamos presos de una estructura, ya sea social o mental, si estamos bajo control, la libertad se dibuja siempre al otro lado, aunque muchas veces no la veamos, aunque casi nunca la podamos alcanzar. La libertad, en definitiva, no es sino otro nombre del control de sí mismo (un control sano) y de la ausencia de control ajeno sobre nosotros (la clásica distinción entre libertad positiva y libertad negativa).

10.- Quizá, entonces, a través del énfasis que se hace en el deseo de libertad, en el deseo de caminar de nuevo por las selvas africanas y, por supuesto, a través del énfasis en la violencia como defensa, tenga su justificación el uso del concepto de “Instinto” para el título de la película. Una película mala pero bastante sugerente y políticamente comprometida. Ante esto sólo nos queda citar unos versos del Vishnu Purana, según H.D. Thoreau en Caminar:

“Es servicio activo el que no se convierte en servidumbre
es sabiduría la que sirve a nuestra liberación
todos los demás servicios solo sirven para agotarnos
todas las demás sabidurías solo son habilidades de artista.”

1 de marzo de 2007


La atención en el Tecno y en el Rock

Desde siempre he sido amante del rock... Es decir, desde que empecé a tener oído músical. Bueno, a decir verdad, lo primero que me gustó en mi vida, a los 11 años, creo que fue Mecano, pero mis padres me quitaron la idea con la simple fórmula de no comprarme la cinta en una gasolinera camino de Madrid (desde Santander); pasado el berrinche y muerto de sueño, una vez en mi ciudad aquello se me olvidó.

Lo siguiente que me gustó fue el Heavy Metal probablemente debido a asociaciones estéticas con el mundo de los cómics, al que yo era aficionado: Conan, la Marvel, esqueletos por aquí y por allá, etc. Y esta pasión me ha acompañado hasta hoy, bien es cierto que el Heavy de hoy ya no es lo que era, a Dios gracias.

Sin embargo, en mi madurez me fui abriendo a otros tipos de géneros musicales a los cuales antes había estado cerrado, entre ellos la música tecno, electrónica, etc.

El otro día estábamos un colega y yo tranquilamente charlando en su casa y escuchando "Lo más disco 3" del año "a saber". La conversación fluía con suavidad, sin las interrupciones que muchas veces me causa la música de fondo, especialmente la música rock. ¿Será acaso porque el rock me gusta más? Esto mismo me planteé en ese momento.

O, ¿no será acaso que objetivamente el rock y el tecno son tan distintos que uno perturba más que otro? Pues bien, creo que efectivamente esto es así: en términos generales el rock es una música más compleja que el tecno y por ello causa más distracción, al mismo tiempo, para que a alguien le guste el rock o bien lo ha tenido que mamar desde pequeñito, en casa de unos padres rockeros, o bien ha de hacer un cierto esfuerzo para asimilar esta música con ritmos cambiantes. Por supuesto que también existen estilos tecno mucho más complejos que muchos estilos de rock, pero hablo en términos generales.

Por cierto, aquí no estoy haciendo juicios de valor, en el sentido de que el rock sea mejor que el tecno, ni viceversa.

Ahora bien, relacionado con esto hay otro aspecto que me gustaría resaltar en el contraste entre el rock y el tecno. En la medida en que el rock es más complejo existe más o menos grado de virtuosismo en la ejecución o interpretación de las piezas musicales, máxime si tenemos en cuenta que el tecno casi siempre viene "enlatado", se produce en el estudio y se lanza en las discotecas, raves y demás a través de los vinilos, cd's o mp3's. Sin embargo, esto que también existe en el mundo del rock de algún modo queda en segundo plano o es subsidiario del componente espectacular del rock, del circo del rock'n'roll: los conciertos o, en su defecto, los vídeos musicales.

De este modo, a la mayor complejidad de la música rock se le añade la imagen, el espectáculo visual. Se me podrá objetar que en las buenas raves y discotecas también existen espectáculos visuales, cierto. Pero la cuestión es que en el rock la importancia del evento se coloca en un foco de atención: el grupo. Mientras que en el tecno la imagen o bien es ambiental (luces cambiantes), o bien es un complemento más. En un concierto de rock o en una disco heavy la mayoría de la gente se encuentra mirando en una dirección, no así en una disco tecno.

Con todo esto lo que quiero hacer ver es que, de alguna manera, comparativamente la música y los eventos tecno facilitan la sociabilidad entre la gente, al menos más que en el rock. Esto por no hablar del baile (y no hablo del baile porque entonces mi teoría de la complejidad se iría al garete, que ya sabemos cómo bailan los haevies... Aunque si nos remontamos a los 50 y 60, con Elvis y compañía...).

Pareciera ser, entonces, que los eventos tecno, fueran ritos sin gurúes, no así los eventos rockeros. Antropológicamente no sé si los ritos inicialmente pudieron carecer de gurúes y la inclusión de estos es fruto de una evolución en las formas culturales y religiosas o si, por el contrario, son los ritos sin gurú los que son fruto de la evolución cultural una vez separado el ocio de la religión. En términos rituales, pues, el rock parece ajustarse más a los cánones; es más, la complejidad de la música permitiría ponernos en contacto con algo transpersonal, algo transcendente al propio individuo, a todos los individuos participantes del rito. Sin embargo, en el tecno estaríamos más anclados en la tierra, en el cuerpo (siempre y cuando, claro está, no hiciéramos uso de las sustancias que ya sabemos, las cuales, por otro lado también se usan en el rock y se han usado siempre en los ritos ancestrales) y en el contacto con los otros individuos que se encuentran a nuestro alrededor.

Podría decirse, de un modo bastante metafórico, que el rock es más "autoritario", exige más de nosotros, exige nuestra atención, mientras que el tecno es más "democrático", nos deja hacer. El tecno se diluye en el ambiente, fluye entre los cuerpos en movimiento, baña suavemente las conversaciones, mientras que el rock es eso, una roca, un totem al que adorar con sus dioses, el rock golpea nuestros oídos, nuestras mentes y nos distrae de aquello que estábamos hablando.

Esta quizá, puede ser una de las razones, entre otras muchas, de que en los sitios de rock haya menos mujeres y de que, además de las pocas que hay, sea más difícil relacionarse con ellas. A las mujeres les gusta
hablar y bailar, a ser posible sin que ningún grasiento melenudo le azote con sus greñas. De todos modos afortunadamente cada vez quedan menos de aquellos que decían Mama Ladilla: "prefiero cortar mis venas / antes que cortar mis melenas / aaaaaaahhhhhh"... Probablemente porque se quedaban calvos... Como yo.

Besos.

27 de febrero de 2007


La desmitificación del paraíso: análisis de “La Playa”, película de Danny Boyle.

Acabo de ver por enésima vez (aunque ese n sea pequeño) la película “La Playa”, de Danny Boyle con Leonardo Di Caprio al frente del reparto. Hace ya tiempo que quería escribir esto porque me parece que es una película con una importante carga simbólica, al margen de que sea una mala película debido a las interpretaciones de los actores; al margen también de que sea una pésima adaptación, según los críticos, de la novela de Alex Garland, la cual no he podido leer todavía.


La película comienza con Richard (Leonardo Di Caprio) recorriendo de noche las calles de Bangkok, unas calles atestadas de prostitutas y de turistas occidentales borrachos. Allí ha llegado huyendo de la rutinaria vida norteamericana, cuya única sensación excitante parecen ser los videojuegos; allí ha llegado buscando nuevas experiencias y lo único que se encuentra es el mismo vicio y corrupción que en cualquier lugar occidental, pero multiplicado. Tenemos, pues, como trasfondo, o como parte de él, una crítica a la sociedad occidental en dos vertientes: (a) la monotonía de la vida en su núcleo y (b) la corrupción de la vida en su periferia, teniendo en cuenta que la primera lleva o sostiene a la segunda. En realidad Richard no sabe lo que va buscando, quiere aventura, pero toda genuina aventura consiste en una búsqueda, en alcanzar (y a veces conservar) una meta, un fin (el Paraíso, el Dorado, el Santo Grial, el amor de una doncella...), y es eso lo que le falta al protagonista. Richard simboliza al occidental medio cuya vida es rutinaria, o se percibe como tal, al carecer de un sentido último, de una meta, quizá de ahí su viaje al mítico Oriente (un Oriente que no encuentra). A este respecto la moraleja explícita de la película, que al parecer no existe en la novela, es que la meta consiste en formar parte de algo importante, algo en lo que creemos, aunque sea efímero.


Tenemos, por un lado, que distinguir entre dos momentos, el proceso y el resultado de tal proceso (el fin buscado, la meta); por otro lado hemos de distinguir entre las dimensiones objetivas y subjetivas de ambos momentos. De este modo la búsqueda, la aventura, pertenecerían al momento del proceso y la meta al momento del resultado, colocándose siempre el peso en la dimensión objetiva de la meta concreta; sin embargo, en la moraleja el peso se traslada a la dimensión subjetiva de un nuevo proceso subsidiario de un fin más vago, menos definido, “algo importante”, según los pensamientos (voz en off) del protagonista, pero siempre objetivo, real, aunque parte del peso sea también puesto en la dimensión subjetiva de la meta, pues lo “importante” es lo importante para el sujeto. Ésta, por lo demás, es una estructura típica de las enseñanzas pertenecientes a las historias con final frustrante, aquellas en las que no se alcanza el objetivo: “lo importante es participar (en algo importante)”, “lo importante está en la búsqueda (de algo importante)”, “la aventura es el camino (no el final del viaje)”, “aún sigo creyendo en el paraíso, pero ahora sé que no es ningún lugar concreto, sino cómo te sientes cuando formas parte de algo importante” (Richard). Por otra parte existe a lo largo de toda la película una tensión constante entre las transformaciones que sufre el paraíso y las interpretaciones subjetivas que el protagonista realiza de tales transformaciones.


Así pues es el Paraíso la meta de la búsqueda de Richard y la conversión de esta búsqueda en una aventura. Dicha meta se la proporciona un tipo paranoico que se encuentra en el hotel, el cual le deja un mapa con la situación del paraíso, La Playa. Y hasta allí viajará en compañía de una pareja de franceses de cuya parte femenina se ha encaprichado y a cuya parte masculina ha conseguido engatusar. La aventura comienza cuando han de salirse de las rutas turísticas para poder llegar hasta el paraíso, pues han de realizar una travesía a nado de unos dos kilómetros; posteriormente han de sortear una plantación de marihuana custodiada por campesinos armados y finalmente saltar a una laguna desde una altura considerable. Tras esto los aventureros llegan a una comunidad pseudo-hippie donde aparentemente todo es paz y buen rollo. No obstante tendrán que superar las reticencias iniciales a la aceptación, después de lo cual les llevarán a ver el tesoro, La Playa: una playa de arena finísima y blanca, agua cristalina, una playa celosamente guardada entre verticales muros naturales. Es importante el paralelismo existente entre la calma y lo cristalino del agua con la calma y la paz que se respira en la comunidad; el enturbiamiento de la playa es signo premonitorio del desmoronamiento del paraíso, de la ruptura de la paz.


Me parece que la película refleja bastante bien ciertos rasgos (por supuesto no todos) que caracterizan a una sociedad, en particular a las comunidades primitivas: el trabajo necesario para la subsistencia, cierta organización social, mención especial de la autoridad, el conjunto de ritos que afianza a los miembros en su pertenencia al colectivo, el abandono de los miembros más débiles o moribundos ante situaciones críticas de debilidad social (aunque en este caso se trate de debilidad moral), la descomposición social debido a la intrusión de elementos extraños, ajenos a ella, en su seno y en su entorno, pero sobre todo destaca un aspecto especial, el sacrificio: el valor simbólico de la sangre humana como elemento purificador, como elemento que nos da acceso a estados de conciencia superior en los cuales podemos ver más claro. Este último rasgo, sin embargo, no está inserto en ninguno de los ritos pertenecientes a la comunidad, sino en la estructura argumental de la película, que se podría dividir en cinco partes separadas una de otra por sucesos sangrientos, por sacrificios:


1.- Llegada a Thailandia, reflexiones acerca del turismo al uso y encuentro con Daffy, el paranoico desertor de la comunidad que le deja el mapa y al cual inicialmente no le otorga credibilidad.


2.- Comienzo de la aventura. Daffy se suicida cortándose las venas y ensangrentando toda la habitación. Aquí la película da un giro y la narración se volverá algo surrealista; de hecho es el componente surrealista lo que otorga valor al filme y refuta las críticas semánticas, sobre el contenido, que se les ha hecho a Danny Boyle (director) y a John Hodge (guionista). Precisamente el peso del componente simbólico se logra a costa y en detrimento del realismo. Richard declara no haber sentido nada ante tal espectáculo sangriento, sin embargo cambia su perspectiva ante el mapa y ante sus vacaciones, lo ve de otro modo.


3.- Comienzo de la descomposición objetiva del paraíso. La intrusión de los extraños conlleva la corrupción de la comunidad: es Richard, uno de los recién llegados quien mancilla las aguas de la playa con la sangre de una cría de tiburón. La Naturaleza no tardará en vengarse en la forma de “un auténtico (tiburón) hijo de puta” que ataca a dos miembros mientras están pescando. La visión de las aguas ensangrentadas y el surco de sangre dejado en la arena que contrasta con su límpida virginidad hacen presagiar lo peor. Nuevamente Richard no siente nada ante el espectáculo, sin embargo comienzan sus reflexiones acerca del precio que hay que pagar por el paraíso, unas reflexiones cínicas e inmorales que contrastan con la actitud de su compañero francés, que permanece al lado del moribundo cuando éste es expulsado de la comunidad debido a los quejidos constantes que le produce su herida y que los otros no soportan. El contraste entre la actitud cínica e inmoral de Richard y las actitudes más cabales de los franceses se mantiene a lo largo de toda la trama y creo que es una metáfora del contraste entre la creciente inmoralidad norteamericana y la todavía existente moral, aunque precaria, a este lado del Atlántico. Se ha criticado a Boyle y a Hodge por haber cambiado la nacionalidad del protagonista en la adaptación; en la novela de Garland es un inglés. Recordemos que tanto Boyle como Hodge son británicos, así que no sé qué tendrá mayor valor si realizar el contraste entre Norteamérica y Europa o entre el mundo anglosajón y la Europa continental. En cualquiera de los casos el contraste simbólico está ahí. La nacionalidad de los demás personajes no cuenta, son actores secundarios y representan la pérdida completa de la moral por efecto del tiempo pasado en el paraíso. Lo importante es el triángulo entre el norteamericano y los franceses.


La aventura continúa dentro de esta parte (la parte central) de la película, si bien ahora se trata no ya de conseguir lo buscado, sino de conservar lo conseguido frente a las amenazas externas (más extraños). Ahora bien, solo un perturbado podría defender el banquete trocado en cenizas, la verdadera descomposición moral en la que descansa su paraíso. La transformación que sufre el personaje de Richard es irreal, absurda, sin embargo guarda cierta relación con el rito vudú de las sociedades primitivas, pues es causado por una expulsión de la comunidad, si bien sólo por parte de la autoridad, no del resto de dicha comunidad. En las sociedades primitivas el expulsado terminaba muriendo por ausencia de círculo social; el habitante de las sociedades contemporáneas, acostumbrado a la soledad en medio de sus congéneres, como mucho se vuelve loco, y eso es lo que le ocurre a Richard. El surrealismo, que se ha empezado a hacer más patente desde el incidente con la cría del tiburón, alcanza ahora su paroxismo: condenado a vigilar la llegada de unos extraños a los que dio una copia del mapa antes de llegar a la playa, sin alimentos, Richard comienza a delirar y a vivir en un juego corriendo riesgos innecesarios con los narcotraficantes. Cinematográficamente este efecto surrealista lo consigue Boyle a través de la yuxtaposición de momentos oníricos, momentos delirantes, imágenes de videojuegos en las que Richard se ve a sí mismo en la pantalla, la mutación del semblante, etc.


El tema de los videojuegos es un motivo recurrente a lo largo de toda la película: Richard es un adicto a la Game Boy, tanto que a la primera oportunidad de volver a la civilización adquiere una y se la lleva de vuelta al paraíso. Esta insistencia en el tema, lejos de ser anecdótica, constituye una metáfora de la ausencia de vínculos afectivos que caracteriza a las relaciones humanas contemporáneas y de la cual no escapan las relaciones en la comunidad de La Playa. Sólo dos personajes parecen mantener esos vínculos: el francés y el jefe de los narco-campesinos, si bien éste solo por lo que respecta a su familia, pues no tiene reparos en verter sangre ajena. Todo, pues, parece ser un juego en el cual se carece de sentimientos y la última secuencia con Richard en un cibercafé viendo una fotografía de la playa con la leyenda “universo paralelo” no deja lugar a dudas, todo ha sido un juego, un pequeño universo con sus propias reglas, algo importante, sí, pero no el paraíso. La sensación de extrañeza que le producen los demás cibernautas, pegados a sus pantallas, se debe a que son seres limitados que no buscan el juego más allá del cíber. Por lo demás, poco parece haber aprendido Richard de su estancia en La Playa; a este respecto el personaje guarda ciertas similitudes con el protagonista de “American Psycho” al carecer de sentimientos, al buscar exclusivamente el placer, al no haber aprendido nada; las dos películas, además, tratan sobre la corrupción de las relaciones humanas en la sociedad contemporánea.


4.- Recuperación de la lucidez por parte de Richard. Los otros viajeros llegan a la isla y son asesinados por los guardianes de la marihuana; la sangre de uno de ellos salpica a Richard en la cara, literalmente le ducha; es entonces cuando sale de su estupor, cuando recupera la conciencia: ha de escapar de allí y ha de llevarse a sus amigos. El francés todavía está cuidando del sueco al que mordió el tiburón; ni se lo pueden llevar ni le pueden dejar allí, así que Richard “caritativamente” le da el pasaporte; al fin y al cabo no iba a durar mucho con su pierna engangrenada. Y no experimenta ni reparo ni culpa. Antes de que huyan, sin embargo, son capturados por los narcos.


5.- Recuperación de la lucidez por parte de todos. Toda la comunidad es reunida en el gran salón por los campesinos para ser expulsada. Sin embargo, Sal, la jefa de la comunidad, se opone; y lo hace con argumentos tan contundentes que el jefe de los narcos le da una oportunidad, no sin antes superar una prueba: jugar a la ruleta rusa en la cabeza de Richard. Evidentemente Richard no muere, que para eso es el protagonista; no obstante, para el caso da lo mismo, pues los miembros de la comunidad despiertan igual (aunque yo tendría más a mi favor sobre la teoría del valor simbólico de la sangre). El rito del sacrificio ahora es inequívoco: la comunidad reunida, los sacerdotes, el poste del sacrificio y el chivo expiatorio. Sin embargo, la muerte sangrienta de Richard es sustituida por un corte en la ceja y una exhortación: “¡adelante, Sal, que todos vean la sangre, a ver si lo soportan!”. Sal aprieta el gatillo, pero el percutor golpea en vacío. Todos lo han visto claro, han visto lo que se necesita para mantener el paraíso, así que huyen de allí.


Sin embargo, al margen de la historia concreta, que puede resultar más o menos anecdótica, más o menos prescindible, el tema central de la película es, como dije al principio, la desmitificación del paraíso, y éste no se desmitifica sólo por la necesidad del sacrificio (sangriento o no) de algún que otro miembro en bien de la comunidad, sino por muchas más cuestiones.


En primer lugar por cuestiones objetivas:


a) Por la amenaza exterior. El paraíso ha de estar localizado en un lugar apartado donde no pueda llegar nadie o, como mucho, sólo los más audaces; un lugar apartado de las rutas turísticas, comerciales y productivas; una isla, un valle perdido. Pero, ¿existe de verdad eso en los tiempos que corren? Y si existiera, ¿cuánto tiempo duraría sin ser colonizado por la civilización? La amenaza exterior al paraíso está representada por Richard y los franceses, por los nuevos viajeros y por los narcotraficantes, que llegan a la isla cuatro años después de estar fundada la comunidad, y llegan con armas de fuego, símbolo de la peligrosa devastación civilizatoria.


b) Por la amenaza de la Naturaleza. La naturaleza es representada por el tiburón que ataca a los pescadores suecos; el paraíso ha de ser una sociedad simple, una pequeña comunidad, pero esto supone una fragilidad extrema frente a tales desastres; por no hablar ya de desastres de más calado como fue el tsunami que en 2004 asoló las costas de Indonesia y Tailandia y en ellas la isla Phi Phi Le, donde se rodó “La Playa”.


c) Por la incapacidad de autosuficiencia. Esta característica del paraíso lo que hace fundamentalmente es poner en relación las dos amenazas anteriores: una amenaza natural a la que no se puede hacer frente reclama ayuda del exterior (médicos y medicinas en el caso del accidente, comercio en el caso de la contaminación del arroz). El paraíso es, pues, objetivamente autosuficiente hasta cierto punto.


En segundo lugar por cuestiones más subjetivas:


c) Por pseudo-necesidades. La imposibilidad de autosuficiencia señalada antes frente a necesidades bastante objetivas se magnifica si se tienen en cuenta necesidades nimias producto del consumismo occidental, nada que con el tiempo no pueda ser superado. Esto, además, es un clásico en las películas del género: el viajero, náufrago, etc., que ha de acostumbrarse a vivir sin las comodidades del mundo moderno. El problema es que esas pseudo-necesidades de cada individuo en la comunidad se realimentan con las pseudo-necesidades de los otros y con la posibilidad de satisfacerlas. A este respecto se nos podría plantear la duda de por qué Garland escogió como paraíso una comunidad hippie y no una comunidad indígena en la cual el viajero hubiera aprendido a prescindir de lo innecesario. La respuesta quizá esté en que también nos quería hacer ver cómo son las relaciones humanas de la sociedad occidental a pequeña escala.


d) Por el deseo. Quizá entre esas pseudo-necesidades se encuentre el placer, la belleza, etc. Poco he tratado en este artículo de la francesa, la compañera de viaje de Richard, novia del francés, aunque ya adelanté que aquél se encaprichó de ella en cuanto la vio. Parte de la estancia en la Playa la pasa Richard sufriendo por el deseo de poseerla, sin poder disfrutar de los demás placeres. Al parecer esta situación, en la novela de Garland, se prolonga hasta el final; no llega a poseerla, con lo cual el efecto es mucho más claro: no se puede ser feliz a causa del deseo de lo que no se tiene. Aunque por otro lado la película posee otra virtud, ya que al conseguirla se enemista con el francés, surgen los celos, envidias; miserias humanas, en definitiva.


e) Por el dolor. Sólo el Edén bíblico está exento de dolor, los paraísos terrenales, en cambio, han de contar con él para, al menos, mitigarlo, si es que no es posible aceptarlo. El paraíso terrenal debe anticiparse o calmar muy pronto los dolores de la enfermedad, de la vejez, etc. Ahora bien, más allá de esta utópica constatación, la situación concreta de la película, la expulsión del herido por el tiburón cuyos gritos no dejan dormir al resto, nos hace plantearnos qué tipo de “paraíso” estamos construyendo en nuestras sociedades occidentales apartando a los enfermos en los hospitales, apartando a los ancianos en las residencias, apartando el dolor y el olor de nuestra conciencia.


f) Por la culpa. Los viajeros son miembros de la sociedad occidental con la moral judeocristiana, por ello experimentan sentimientos de culpa ante la muerte, la enfermedad o la omisión de ayuda a un compañero, si bien es cierto que no todos lo experimentan, pero esto se debe a la necesaria tensión dramática de la historia. Para el caso es lo mismo, puesto que lo que nos importa es lo que ello representa para nosotros: la imposibilidad del paraíso debido al sentimiento de culpa que nos produce un comportamiento inmoral necesario, eso sí, para poder seguir disfrutando del paraíso: “en la playa turística perfecta nada podía impedir la búsqueda del placer, ni siquiera la muerte” (Richard).


g) Por la existencia de autoridad. Toda comunidad posee una autoridad más o menos democrática, pero desde el punto de vista individualista que supone la búsqueda del placer, la autoridad puede parecer castrante, puede oponerse a nuestros deseos; incluso una autoridad completamente democrática, asamblearia, podría parecerlo, es más, podría parecerlo cualquier otra persona que se nos opusiera. No obstante, evidentemente esto ocurre si se define el paraíso en los términos de búsqueda del placer.


Sin embargo, quizá cupiera entender el paraíso en términos de serenidad del alma y búsqueda del conocimiento, al modo de los epicúreos o los estoicos. Y desde este punto de vista también cabe concebir el concepto del viaje: Richard viaja escapando de la sociedad occidental, pero lo hace para seguir en la misma línea, con las mismas actitudes, busca aventura y placer, “experiencias”. Pero, ¿es eso lo que busca el auténtico viajero? ¿No busca acaso conocimientos? ¿No viaja para ver? ¿para respirar un espíritu distinto, quizá más apaciguado? Nada de esto tiene que ver con el paraíso, sino con encontrar reductos alternativos a la ciudad occidental, no necesariamente paradisíacos, pero sí más calmados.


En fin, como colofón podemos concluir que se trata de una buena historia por todo lo que sugiere, por todo aquello a lo que apunta, por todo lo que se critica de modo tan irónico, tan surrealista; una buena historia, aunque pesimista: la sociedad contemporánea no funciona y no existe el paraíso... Quizá porque tampoco sepamos buscarlo. El último pensamiento de Richard, cuando ya se encuentra en el cibercafé apunta hacia ello. Sin embargo, como ya he dicho casi al principio, lo que hace es convertir el paraíso de algo colectivo y objetivo en algo individual y subjetivo, muy propio de los tiempos en que vivimos. Probablemente lo que pasa es que esté confundiendo el concepto del paraíso con el de la felicidad, y aunque durante todo este escrito haya estado apuntando hacia él, debería ser tratado aparte y no solo a través de esta película. Quizá después de este análisis el filme nos parezca más complejo de lo que aparenta, quizá no se haya entendido bien y quizá por eso fue un fracaso en taquilla, a pesar del niño bonito que tenía por protagonista.




The Beach Soundtra...




Zanjas profundas en tu mente
Zanjas profundas en tu mundo
Zanjas que nos separan
Zanjas que nos escinden
Zanjas en las que caemos
a veces sin poder salir